Opinión
Desentenderse de la calamidad
ALBERTO MEDINA MENDEZ (*)
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Al recurso políticamente correcto, de sensibilizarse con las víctimas, lamentar lo ocurrido y buscar responsables, se le contrapone la necesidad de revisar profundamente las causas.
Existen fatalidades, hechos inevitables, situaciones inmanejables, pero también están las otras, las que se conjugan muchos factores, donde se entremezclan responsabilidades formales, negligencias individuales, desidia corporativa y sobre todo una gran hipocresía social.
Se perdieron demasiadas vidas humanas en un hecho luctuoso en Argentina. Se trata de uno de esos, que lamentablemente se dan con demasiada frecuencia en este mundo, y que frente al hecho consumado, siempre genera, la necesidad de identificar culpables.
Mientras tanto, en medio de tanto espanto y desconsuelo, muchos prefieren jugar a la política. Unos midiendo como impactará en su imagen y en las encuestas y otros, en una actitud despreciable, tratando de sacarle provecho a la catástrofe llevando agua para su molino.
Pero queda claro que cuando de causas se trata, podemos buscar las más evidentes, o podemos ser más serios, hurgando en las causas profundas de tanta adversidad.
Los eufemismos, aparecen a montones en estas horas. Se habla de sistemas públicos de transporte, de concesiones, de operadores privados y prebendas. Palabras que pretenden esconder conceptos concretos, soslayando las raíces ideológicas del problema.
Tenemos que intentar ser más honestos. Sobre todo si queremos seguir recitando que lo que importa en esta instancia son las vidas humanas. Al menos por respeto a esos individuos que murieron confiando sus vidas a un sistema que terminó con ellas de modo despiadado.
Se trata claramente de un sistema ESTATAL, en manos del Estado. No le demos vuelta a esta cuestión tan clara. Es esa figura utópica, esa panacea del socialismo mundial la que diseña recorridos, decide entregar a concesionarios en procesos sospechados y repletos de suspicacias, con afinidades entre el mundo de las prebendas, la política, el poder de turno, la “caja” partidaria y los recaudadores de turno. Ese es el sistema. Y no otro.
Es el Estado el que decide las condiciones del pliego licitatorio, su forma, oportunidad, duración, modalidad, canon, estructura de subsidios, tarifas, y todo cuanto concierne al perverso sistema que han montado.
Y el broche de oro de todo este engendro, es invariablemente un método de seguimiento, monitoreo y comprobación, donde el dueño, el Estado, el que entrega la concesión se constituye en controlador. La ideología reinante nos quiere convencer de que no puede operar con eficiencia, pero que sí podrá controlar con calidad. No resulta razonable que si no supo otorgar una concesión, ni fijar sus reglas, tampoco podrá ser capaz de controlar lo que no sabe diseñar con inteligencia y mucho menos conducir hábilmente.
El populismo demagógico contemporáneo pretende inocularnos la idea de que todo se resuelve con buenos mecanismos de control. Esa insólita visión, es la que sirve de justificación para la construcción de inmensos aparatos burocráticos, convenientes agencias estatales, organismos financiados con los impuestos de todos, donde casualmente van a parar amigos del poder seleccionados con discrecionalidad y gente proveniente de la militancia partidaria con significativas remuneraciones y privilegios.
Y hay que decirlo, a estos sistemas vigentes los defienden casi todos, oficialistas y opositores. Solo se diferencian entre sí por imperceptibles matices, pero sostienen el mismo formato de ideas, regímenes de alta intervención estatal, con importantes niveles de regulación y un sinfín de oficinas públicas repletas de empleados pagados por todos.
Es tiempo de asumir lo que sucede con honestidad. Estas tragedias, no son producto de la mala suerte, el destino, o algún imponderable. No se mueren decenas de personas por mera impericia de un individuo, falta de inversión o cierta liviandad en los controles. El sistema es perverso, y no sus interlocutores. No busquemos responsables por fuera, porque este sistema perdura entre nosotros, porque muchos defienden ideas incorrectas.
La fantasía de un estado eficiente, ágil, dinámico, honrado, es eso, una entelequia, un espejismo, una quimera, una verdadera ficción. Las raíces del problema están allí, en el monopolio, en la propiedad estatal. La nacionalización que suena como solución es la profundización del problema. El sistema ya es estatal. Nada nuevo puedo suceder con más de lo mismo.
Los sistemas funcionan a base de incentivos, emiten señales, generan conductas. Este cruel régimen que hemos construido con las ideas que apoyamos, y que nuestros discursos ciudadanos recitan a diario, estimulan la corrupción, favorecen la aparición de negocios espurios, encarecen y precarizan el servicio, eliminan la competencia, deforman la realidad y alientan conductas sociales inadecuadas.
Los muertos que hoy lloramos, son la consecuencia del sistema de ideas que sostenemos como sociedad. Y no es tiempo de hacerse los distraídos. Hay que asumir, al menos con cierta hidalguía, que nuestras creencias no solo nos empobrecen económicamente, nos impiden ser mejores y se convierten en nuestro propio límite. Esta forma de ver el mundo, también nos lleva por caminos que no tienen retorno, plagados de corrupción, discrecionalidades, inequidades, concentración arbitraria de poder, y en este caso muertes que surgen como un emergente y duelen demasiado.
El presente no es parte del paisaje, sino el fruto de una secuencia de decisiones y hechos. Asumamos la parte de responsabilidad que nos toca como sociedad. Culpar al operario, a la empresa, al que concesionó o al que controla, es tomarnos por imbéciles y subestimar la inteligencia muchos. La sociedad se puede equivocar, siempre, pero en algún momento despertará y se dará cuenta de que la han estado embaucando con evidente malicia.
Esta historia podría tener un punto de inflexión, un antes y un después. Pero eso aun no sucede. El primer síntoma de que seguimos sin comprender lo que pasa, y que repetiremos estas desdichas, es que pensamos en buscar culpables, repudiar a los políticos, hacerle pequeños ajustes al presente y hasta pensemos en profundizar esta línea de acción con más presencia estatal en algo que ya es estatal. No es un buen indicio. Es una forma elegante de desentenderse de la calamidad.
(*) Recibido por www.corrientesaldia.com.ar de Alberto Medina Méndez
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Dijo en San Juan el presidente Fernández: “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años, porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres”.
Esto es tan falso, tan terriblemente insultante para la inteligencia, que es difícil decidir por dónde empezar a analizarlo. Sólo diré que Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Windows), Jeff Bezos (Amazon) y Marcos Galperin (Mercado Libre), son algunas de las fortunas más grandes del mundo y de Argentina, y NINGUNO fue hijo de rico. Este pelotudismo socrático y retrógrado ha sido totalmente superado en los países desarrollados… ¡Y PRECISAMENTE PORQUE LO SUPERARON SON DESARROLLADOS!
Luego invocó a Alberdi y Sarmiento, reinterpretándolos con un pensamiento tan retorcido que los vuelve irreconocibles. Dijo admirarlos porque “vislumbraron la importancia de la educación pública, que nada es más importante que el conocimiento humano” y del sanjuanino aseguró que “en un gesto inigualable de igualdad, resolvió que todos los que estudian en la escuela pública calcen un guardapolvo blanco para que las diferencias sociales allí donde se aprende no aparezcan. Con todo eso nos dijo que el estado debe estar muy presente en el desarrollo humano y que finalmente lo que más vale es la igualdad, es propender a un sistema más igualitario”.
Pobres Alberdi y Sarmiento. Si pensamos cuales referentes históricos argentinos estuvieron absolutamente en contra de la intromisión del estado (que debía ser pequeño) en el quehacer cotidiano de los ciudadanos, fueron sin dudas estas dos inmensas figuras de nuestra patria. Hacer semejantes distorsiones de su pensamiento es una ofensa a sus memorias y, como se hacía en la escuela, debería lavarse la boca con jabón para limpiar sus palabras.
Alberdi decía que “la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual” y que “la grandeza del vecino, forma parte elemental e inviolable de la nuestra”, LO OPUESTO al igualitarismo y el desconocimiento del mérito.
¿Y qué pensaba Sarmiento?, al que dijo admirar. El sanjuanino dijo: “las cumbres se alcanzan doblando el empeño” y “toda la historia de los progresos humanos es la simple imitación del genio”; Don Domingo era un ferviente defensor del mérito, concepto que el señor presidente denigra.
Es increíble que en la actualidad, con lo fácil que es conocer la realidad de otros países, todavía existan personas “educadas” (en realidad son apenas instruidas, la educación implica pensamiento crítico algo que les es ajeno) que sean tan ciegas como para dejarse engañar así.
El presidente habla de defender el federalismo y a las provincias del “pulpo” del puerto, cuándo el mayor héroe de esta gente fue Rosas, quien prohibió los puertos del Paraná para que todo el comercio exterior pasara por Buenos Aires, empobreciendo a las otras provincias. Obsesión rosista por el monopolio del puerto porteño que condujo a la muerte a valerosos patriotas en la Vuelta de Obligado, sacrificio disfrazado con la mentira de la “defensa de soberanía”.
Valga la apostilla: ese fue el mismo Rosas que le quitó los sueldos a los docentes de las escuelas y universidades estatales, hundiendo en la ignorancia a los pobres y yendo en contra de la tan mentada “igualdad de oportunidades” con la que se llenan la boca.
¿Habla del federalismo y de trato igualitario para todas las provincias?, cuando el peronismo fue el mayor promotor del crecimiento del conurbano bonaerense y que le otorgó tantos subsidios a la luz, el gas y a los combustibles, que hacía que en Buenos Aires se pagara hasta 5 veces más barato los servicios públicos que en el resto del país. ¿En serio? ¿Se puede ser tan caradura? Y lo peor, ¿se puede ser tan idiota como para creerles?
También dijo Fernández: “lo que uno más debería desear como argentino, es que cada argentino tenga la oportunidad de nacer…”, ¿oportunidad de nacer?, ¿de qué oportunidad de nacer habla quien defiende el aborto?, ¿se puede ser más cínico y contradictorio? “…Y de morirse feliz después de haber vivido bien, en la provincia donde ha nacido”, ¿morirse feliz?, ¿Cómo Solange que murió sin ver a su padre?, ¿o Facundo Astudillo?, ¿o Franco Martínez?, ¿o Franco Isorni?, ¿o Luis Espinoza?, todos desaparecidos y muertos en democracia en este 2020.
Entiendo (no comparto) que los que “están prendidos” defiendan “el modelo”… ¿pero el resto?, ¿el laburante que deja más de la mitad de su sueldo en impuestos para mantener punteros y para que le den por sus impuestos la porquería de salud, educación, seguridad y justicia que tenemos?, ¿el profesional que como universitario debería ser capaz de ver más allá de las mentiras de los demagogos? Cómo decía Sarmiento y se aplica a los “educados” que egresan de la universidad: “era el que más sabia… Pero el que menos entendía”.
Lo cierto es que a decir del gran sanjuanino: “la ignorancia es atrevida”, pero aún es más atrevida la avaricia, la soberbia y el despotismo de quienes conducen hoy el destino de nuestra patria y que lejos están de seguir el siguiente principio rector del cuyano: “fui criado en un santo horror por la mentira, al punto que el propósito de ser siempre veraz ha entrado a formar el fondo de mi carácter y de ello dan testimonio todos los actos de mi vida”.
Quienes creemos en la Libertad, en la igualdad ante la Ley y no por la Ley, y en el Respeto por la vida y la propiedad del prójimo, no solo tenemos el deber ético y moral, sino también la impostergable necesidad de oponernos y manifestarnos en contra de los atropellos que se están cometiendo contra los argentinos y contra la República.
El momento es YA… antes de que terminen de hundirnos y de someternos, antes de que no quede nada por salvar.
(*) Rogelio López Guillemain
La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto profundo en nuestras sociedades. Además de la crisis sanitaria, ha afectado la educación, la vida social y los medios de subsistencia. A una economía difícil, esto lo ha profundizado aún más.
Para nuestros jóvenes muchos de estos impactos será a largo plazo y multidimensionales: Por ejemplo, 191 países han implementado el cierre de escuelas a nivel nacional o local, y 1,5 mil millones de personas no pueden asistir a la escuela ya que no disponen de tecnología básica para acceder a las plataformas educativas.
Sin embargo, hay muchos jóvenes liderando esta crisis y no se han quedado de brazos cruzados. Hay una Juventud que está apoyando el diseño y la ejecución de programas sociales pensando en caminos creativos y de respuesta.
También debemos destacar la variedad de emprendimientos que han surgido adaptando propuestas comerciales a estos nuevos tiempos donde se pudo ver la creatividad y el desarrollo de productores locales.
Es fundamental continuar apoyando estos proyectos para que tengan continuidad formulando estrategias competitivas, incentivando y se conviertan en micro empresas sustentables económicamente.
Sumar programas de recuperación en base a economías locales y ver como su fuerza creativa comienza a enriquecer a instituciones, proyectos sustentables y caminos nuevos para salir adelante.
Pienso que un camino de desarrollo es no solo fortalecer las economías regionales sino volver a los oficios, capacitarnos y tener herramientas prácticas para generar recursos propios.
Estamos atravesando un momento de reinvención muy grande y donde más que nunca necesitamos estar unidos, sacar nuestras fortalezas y trabajar juntos como sociedad pensando en lo que queremos construir, diseñando la sociedad futura, poniendo foco en nuestros recursos y liderar.
Es fundamental generar herramientas para crear una sociedad más igualitaria y solidaria y no solo como respuesta a la pandemia sino también pensando a largo plazo y abordando todos el compromiso de crear un cambio duradero.
Recuerda una crónica del diario perfil: “Eduardo Lorenzo Borocotó el 23 octubre de 2005 obtuvo una banca. Pero antes de asumir algo cambió. El 9 de noviembre visitó la Casa Rosada, acompañado por su hijo. ¿Con quién tenía cita? Con el actual presidente Alberto Fernández, quien era jefe de gabinete de Néstor Kirchner. Borocotó se reunió con los dos. A Kirchner no lo conocía. A Fernández, sí.
El mismo día del encuentro en la Rosada, Borocotó anunció su partida del bloque macrista: armó un mono-bloque independiente, afín al kirchnerismo. Alberto Fernández explicó la jugada: "Tenemos que ser amplios. Hay muchos votantes y dirigentes de ARI que están descontentos con Carrió, por ejemplo. Y nosotros estamos abiertos a recibirlos, así como a los radicales, peronistas y a todos los que crean en el proyecto del Presidente".
En nuestras democracias actuales, se debería empezar a pensar en que los ciudadanos, en vez de elegir a personas que encarnen proyectos, ideologías, o letras muertas de lo establecido en partidos políticos, votemos directamente, proyectos, propuestas, modelos o formas de hacer las cosas y que la ejecución de las mismas, pase a ser un tema totalmente secundario, esto sí podría denominarse algo que genere una revalidación de lo democrático, pero no estamos en condiciones de hacerlo actualmente, primordialmente porqué el gobierno de ese pueblo, está en manos de uno sólo, a lo sumo, en cogobierno por un legislativo (con flagrantes problemas en relación a la representatividad, que sería todo un capítulo aparte el analizarlo) y supeditado a un judicial, que siempre falla, de fallar en todas sus acepciones, liberar la opción de ese pueblo, para que elija su gobierno, mediante las ideas que se le propongan, sin que sea esto eclipsado por la figura de un líder o lo que fuere, en tanto y en cuanto siga siendo uno, recién podrá ser posible, cuando su vínculo con la vida y la muerte, no tenga que ser anatematizado mediante la creencia o no creencia, que como vimos son las dos caras de una misma moneda, en un ser único y todo poderoso, creador de este mundo y de todos los otros, los posibles como los imposibles.
La violencia del estado que en la actualidad se traduce en su sobre-presencia en ciertos sectores a costa de la ausencia del mismo en vastas áreas y bolsones, la sobreactuación de un supuesto sentir o hacer democrático, en donde sólo se ejerce una dudosa aclamatoria de mayorías (sistemas de preselección de candidatos cerrada, como internas que no se llevan a cabo, que transfieren el sentido de elegir por el de optar, entre quiénes ellos, de acuerdo a sus reglas disponen que tengamos que optar, es decir elegir condicionados) debería estar tipificado en la normativa, como uno de los delitos más flagrantes contra las instituciones y el pleno ejercicio de la libertad, de tal manera, la ciudadanía no tendría excusas como para no levantarse en puebladas, en manifestaciones que dan cuenta de la total y absoluta anomia, en que la incapacidad de cierto sector de la clase política nos puede volver a conducir en cualquier otro momento u oportunidad. Propuestas es lo que sobra, se precisa de predisposición de estos para hacerles sentir a la ciudadanía que algo determinan, con el pago de sus impuestos y con sus votos. En tiempos electorales, una práctica que debería ser desterrada y que es una muestra expresa del democraticidio, es la compra de votos, sea mediante una dádiva, prebenda, por intermedio de corte de chapas, dinero, mercadería, merca o lo que fuere, como de las mentiras flagrantes e inconsistentes las que ofrecen por doquier. Como también lo es la no sanción de los hechos de corrupción, o la dilación en demasía para resolver los mismos, perpetrados por hombres que hayan pertenecido al funcionariado público.
Si somos presa de políticos corruptos seguiremos encarcelados en el imperativo de una sociedad penalizada y penalizante para sancionar delitos y no para reconvertir conductas que no nos lleven a ellas.
Hasta aquí sí se quiere, nada nuevo bajo el sol, o desconocido para todos aquellos a quiénes, Alfonsín nos prometió que con “la democracia se educa, se come, se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear…” la nueva modalidad, de estas suertes de “democraticidios” que nos afectan, es que el poder unipersonal del ejecutivo nacional, pasó a un sistema, tal como lo definió un constitucionalista “vicepresidencialista” y por tanto, Alberto, el creador del “borocotismo”, tal como Víctor Frankenstein, pasó a ser víctima de su propia creación, de su mutación práctica de lo representativo.
En la aceleración, profundización o intensificación del cristinismo, camporismo o kirchnerismo recargado, en el que recayó Alberto, no quedaría otro espacio en la historia para él, que un título de un libro escrito por Miguel Bonasso, acerca de Héctor Cámpora; “El presidente que no fue”.
La mayoría que se construyó a tales efectos, con una propagación mayor que la de un virus desconocido y contagioso, se reconstituye con proverbial dinámica y en las próximas elecciones demostrará cuán cerca o lejos puede estar de un poder político, en la actualidad, “borocotizado”.
(*) Por Francisco Tomás González Cabañas.