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30 años y la Argentina de los dos bandos.

ALBERTO MEDINA MENDEZ (*)

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Se han cumplido 30 años de aquel 24 de marzo de 1976, una de las fechas mas tristes de la historia reciente de los argentinos. El valor simbólico de la misma se hace evidente. Nos recuerda un país que queremos dejar atrás, ese del odio, de la violencia, del orden institucional interrumpido por quienes solo aprecian la imposición de la fuerza.


La visión parcial de la realidad no es una noticia para quienes vivimos en esta Nación. Solemos intentar relatar nuestros hechos históricos con alguna cuota de infantil simplicidad creyendo que el contarlos de esa manera anulara aquella parte que no comulga con nuestras visiones. La década del 70 no escapa a esta regla y ha sido pretendidamente resumida según quienes la cuentan. Hemos caído reiteradamente en la trampa de justificar muertes, de legitimar bombas, torturas, violaciones, secuestros y homicidios según quienes lo hicieran y en función de los loables fines que movilizaran tales acciones. En una sociedad civilizada, lo que ocurrió en aquellos años son simples actos delictivos agravados por el uso impune de la fuerza en contra de compatriotas. La historia de caricatura que nos quieren contar, muestra a heroicos hombres y mujeres que lucharon por sus ideales, por un país mejor, por el progreso y por la defensa de la sociedad. No se puede llamar héroes ni patriotas a quienes llevaron adelante atentados cobardes, secuestraron, torturaron, asesinaron y cometieron todo tipo de aberraciones en nombre de supuestos pensamientos sociales o cuestionables formas de proteger a la Nación de la horda utilizando reprochables métodos basados en la fuerza y en los medios del Estado. Esos sectores han desconocido la existencia de las más elementales garantías individuales. No tuvieron en cuenta el derecho a la vida, a un juicio justo, ni a la legitima defensa. Algunos pretenden convencernos de que aquello fue una guerra civil. No se puede coincidir. Solo se trato de delincuentes comunes que pretendieron convertirse en dueños de la verdad y dispuestos a regir nuestros destinos como sociedad. Se perdieron muchas vidas, se despilfarraron años de progreso, se vivieron tiempos de terror, de silencio y de ausencia de compromisos. Es tiempo de analizar responsabilidades. No vivimos las cosas que pasamos en los 70 solo por casualidad, tuvimos responsabilidades de todo tipo. Los violentos encontraron terreno fértil para sus andanzas porque tuvimos dirigentes corruptos y torpes, sin soluciones, sin ideas, sin convicciones para defender una democracia que lo necesitaba. Nos falto una sociedad madura, dispuesta a luchar por sostener su institucionalidad y no dar rienda suelta a la tentación de apoyar aventuras golpistas, creyendo ilusamente que estos iluminados con uniformes nos devolverían como por arte de magia esa dignidad que ya perdimos cuando decidimos cederles semejantes poderes ilimitados. La sociedad tiene sus responsabilidades en lo que paso en esa década infame, y es tiempo de hacerse cargo de las omisiones, de la ausencia de profundas convicciones democráticas Las reales victimas de estas historias, los torturados, los asesinados, los violados, los chicos que perdieron sus padres y su identidad, no admiten indultos. Hay que recuperar la memoria y no hay que tener temor en revisar lo que nos paso. No se pacifica una sociedad con ocultamientos, historias no contadas, menospreciando lo sucedido y dejando de lado a las aberraciones. La memoria debe estar presente, el perdón es un don de unos pocos y queda reservado al fuero íntimo de quienes vivieron de cerca cada etapa de aquellas épocas. La tradicional división de bandos de esa Argentina entre aquellos que provenían del socialismo terrorista y de los componentes del fascismo nacionalista inserto en un sector de las fuerzas armadas es solo una parodia. Ambos supuestos bandos, procedían de la misma manera, homicidios, secuestros, solo terror al servicio de ideologías que no consiguieron adeptos de otra forma que no sean mediante el uso indiscriminado de la violencia. Es cierto, tuvimos dos bandos, pero no los que nos enseñaron sino otros. Por un lado los violentos, esos que no aprendieron a explicar sus sueños, esos intolerantes que no aceptaban el pensamiento diferente, esos que prefirieron la bala, la bomba, el atentado, la tortura, el secuestro, el homicidio. Del otro lado estaba esa sociedad tolerante, la que sabía convivir, la que podía y quería expresarse libremente, creando, produciendo y apostando al camino democrático, el de las urnas, el de la elección equivocada, pero libre. No somos todo lo mismo, no fuimos todo lo mismo. No se trato de terroristas subversivos y terrorismo de estado. Los terroristas que pretendieron el imperio de la violencia, del terror y del pensamiento único, que tuvieron a su vez expresiones desde la izquierda marxista y desde el fascismo uniformado. Del otro lado estaba la sociedad civilizada, esa que aborrecía la violencia en cualquiera de sus formas y que no creyó jamas en los héroes prefabricados, y cuyo peor pecado fue permitir que los violentos se convirtieran en los interpretes de la comunidad y se apropiaran no solo del poder sino de nuestros valores fundamentales. La violencia no debe volver a gobernar nuestras vidas. Tenemos la oportunidad de aprender que el autoritarismo aun hoy proviene tanto de aquella siempre renovada izquierda violenta, mesiánica y soberbia, como del maquillado fascismo justificador de aberraciones en nombre de un nacionalismo arcaico, despótico y represivo. Ambos tienen puntos en común aunque les resulte difícil aceptarlo. La intolerancia, su imposibilidad de obtener genuina adhesión popular y su profundo desprecio por las libertades individuales son solo la base de ese denominador común que identifica a lo mas despreciable de la historia reciente de nuestra Nación. Por eso, en estos tiempos hay que decir nuevamente NUNCA MAS. (*) Recibido por Corrientes al Día de Alberto Medina Méndez. amedinamendez@arnet.com.ar amedinamendez@hotmail.com. 03783-15602694. Corrientes – Argentina.

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Opinión

Cuando el mérito no importa

OPINIÓN (*)

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Dijo en San Juan el presidente Fernández: “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años, porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres”.


Esto es tan falso, tan terriblemente insultante para la inteligencia, que es difícil decidir por dónde empezar a analizarlo.  Sólo diré que Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Windows), Jeff Bezos (Amazon) y Marcos Galperin (Mercado Libre), son algunas de las fortunas más grandes del mundo y de Argentina, y NINGUNO fue hijo de rico.  Este pelotudismo socrático y retrógrado ha sido totalmente superado en los países desarrollados… ¡Y PRECISAMENTE PORQUE LO SUPERARON SON DESARROLLADOS!

 

Luego invocó a Alberdi y Sarmiento, reinterpretándolos con un pensamiento tan retorcido que los vuelve irreconocibles.  Dijo admirarlos porque “vislumbraron la importancia de la educación pública, que nada es más importante que el conocimiento humano” y del sanjuanino aseguró que “en un gesto inigualable de igualdad, resolvió que todos los que estudian en la escuela pública calcen un guardapolvo blanco para que las diferencias sociales allí donde se aprende no aparezcan.  Con todo eso nos dijo que el estado debe estar muy presente en el desarrollo humano y que finalmente lo que más vale es la igualdad, es propender a un sistema más igualitario”.

 

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Pobres Alberdi y Sarmiento.  Si pensamos cuales referentes históricos argentinos estuvieron absolutamente en contra de la intromisión del estado (que debía ser pequeño) en el quehacer cotidiano de los ciudadanos, fueron sin dudas estas dos inmensas figuras de nuestra patria.  Hacer semejantes distorsiones de su pensamiento es una ofensa a sus memorias y, como se hacía en la escuela, debería lavarse la boca con jabón para limpiar sus palabras.

 

Alberdi decía que “la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual” y que “la grandeza del vecino, forma parte elemental e inviolable de la nuestra”, LO OPUESTO al igualitarismo y el desconocimiento del mérito.

 

¿Y qué pensaba Sarmiento?, al que dijo admirar.  El sanjuanino dijo: “las cumbres se alcanzan doblando el empeño” y “toda la historia de los progresos humanos es la simple imitación del genio”; Don Domingo era un ferviente defensor del mérito, concepto que el señor presidente denigra.

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Es increíble que en la actualidad, con lo fácil que es conocer la realidad de otros países, todavía existan personas “educadas” (en realidad son apenas instruidas, la educación implica pensamiento crítico algo que les es ajeno) que sean tan ciegas como para dejarse engañar así.

 

El presidente habla de defender el federalismo y a las provincias del “pulpo” del puerto, cuándo el mayor héroe de esta gente fue Rosas, quien prohibió los puertos del Paraná para que todo el comercio exterior pasara por Buenos Aires, empobreciendo a las otras provincias.  Obsesión rosista por el monopolio del puerto porteño que condujo a la muerte a valerosos patriotas en la Vuelta de Obligado, sacrificio disfrazado con la mentira de la “defensa de soberanía”.

 

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Valga la apostilla: ese fue el mismo Rosas que le quitó los sueldos a los docentes de las escuelas y universidades estatales, hundiendo en la ignorancia a los pobres y yendo en contra de la tan mentada “igualdad de oportunidades” con la que se llenan la boca.

 

¿Habla del federalismo y de trato igualitario para todas las provincias?, cuando el peronismo fue el mayor promotor del crecimiento del conurbano bonaerense y que le otorgó tantos subsidios a la luz, el gas y a los combustibles, que hacía que en Buenos Aires se pagara hasta 5 veces más barato los servicios públicos que en el resto del país.  ¿En serio?  ¿Se puede ser tan caradura?  Y lo peor, ¿se puede ser tan idiota como para creerles?

 

También dijo Fernández: “lo que uno más debería desear como argentino, es que cada argentino tenga la oportunidad de nacer…”, ¿oportunidad de nacer?, ¿de qué oportunidad de nacer habla quien defiende el aborto?, ¿se puede ser más cínico y contradictorio?  “…Y de morirse feliz después de haber vivido bien, en la provincia donde ha nacido”, ¿morirse feliz?, ¿Cómo Solange que murió sin ver a su padre?, ¿o Facundo Astudillo?, ¿o Franco Martínez?, ¿o Franco Isorni?, ¿o Luis Espinoza?, todos desaparecidos y muertos en democracia en este 2020.

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Entiendo (no comparto) que los que “están prendidos” defiendan “el modelo”… ¿pero el resto?, ¿el laburante que deja más de la mitad de su sueldo en impuestos para mantener punteros y para que le den por sus impuestos la porquería de salud, educación, seguridad y justicia que tenemos?, ¿el profesional que como universitario debería ser capaz de ver más allá de las mentiras de los demagogos?  Cómo decía Sarmiento y se aplica a los “educados” que egresan de la universidad: “era el que más sabia… Pero el que menos entendía”.

 

Lo cierto es que a decir del gran sanjuanino: “la ignorancia es atrevida”, pero aún es más atrevida la avaricia, la soberbia y el despotismo de quienes conducen hoy el destino de nuestra patria y que lejos están de seguir el siguiente principio rector del cuyano: “fui criado en un santo horror por la mentira, al punto que el propósito de ser siempre veraz ha entrado a formar el fondo de mi carácter y de ello dan testimonio todos los actos de mi vida”.

 

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Quienes creemos en la Libertad, en la igualdad ante la Ley y no por la Ley, y en el Respeto por la vida y la propiedad del prójimo, no solo tenemos el deber ético y moral, sino también la impostergable necesidad de oponernos y manifestarnos en contra de los atropellos que se están cometiendo contra los argentinos y contra la República.   

 

El momento es YA… antes de que terminen de hundirnos y de someternos, antes de que no quede nada por salvar.

(*)  Rogelio López Guillemain

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Opinión

Reconvertir proyectos e innovar

POR MARIA EUGENIA MANCINI

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La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto profundo en nuestras sociedades. Además de la crisis sanitaria, ha afectado la educación, la vida social y los medios de subsistencia. A una economía difícil, esto lo ha profundizado aún más.


Para nuestros jóvenes muchos de estos impactos será a largo plazo y multidimensionales: Por ejemplo, 191 países han implementado el cierre de escuelas a nivel nacional o local, y 1,5 mil millones de personas no pueden asistir a la escuela ya que no disponen de tecnología básica para acceder a las plataformas educativas.

 

Sin embargo, hay muchos jóvenes liderando esta crisis y no se han quedado de brazos cruzados. Hay una Juventud que está apoyando el diseño y la ejecución de programas sociales pensando en caminos creativos y de respuesta.

 

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También debemos destacar la variedad de emprendimientos que han surgido adaptando propuestas comerciales a estos nuevos tiempos donde se pudo ver la creatividad y el desarrollo de productores locales.

Es fundamental continuar apoyando estos proyectos para que tengan continuidad formulando estrategias competitivas, incentivando y se conviertan en micro empresas sustentables económicamente.

 

Sumar programas de recuperación en base a economías locales y ver como su fuerza creativa comienza a enriquecer a instituciones, proyectos sustentables  y caminos nuevos para salir adelante.

 

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Pienso que un camino de desarrollo  es no solo fortalecer las economías regionales sino volver a los oficios, capacitarnos y tener herramientas prácticas para generar recursos propios.

 

Estamos atravesando un momento de reinvención muy grande y donde más que nunca necesitamos estar unidos, sacar nuestras fortalezas y trabajar juntos como sociedad pensando en lo que queremos construir, diseñando la sociedad futura, poniendo  foco en nuestros recursos y liderar.

 

Es fundamental generar herramientas para crear una sociedad más igualitaria y solidaria y no solo como respuesta a la pandemia sino también pensando a largo plazo y abordando todos  el compromiso de crear un cambio duradero.

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Opinión

La “borocotización” de Alberto

(*) OPINIÓN

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Recuerda una crónica del diario perfil: “Eduardo Lorenzo Borocotó el 23 octubre de 2005 obtuvo una banca. Pero antes de asumir algo cambió. El 9 de noviembre visitó la Casa Rosada, acompañado por su hijo. ¿Con quién tenía cita? Con el actual presidente Alberto Fernández, quien era jefe de gabinete de Néstor Kirchner.  Borocotó se reunió con los dos. A Kirchner no lo conocía. A Fernández, sí.


El mismo día del encuentro en la Rosada, Borocotó anunció su partida del bloque macrista: armó un mono-bloque independiente, afín al kirchnerismo. Alberto Fernández explicó la jugada: "Tenemos que ser amplios. Hay muchos votantes y dirigentes de ARI que están descontentos con Carrió, por ejemplo. Y nosotros estamos abiertos a recibirlos, así como a los radicales, peronistas y a todos los que crean en el proyecto del Presidente".

 

En nuestras democracias actuales, se debería empezar a pensar en que los ciudadanos, en vez de elegir a personas que encarnen proyectos, ideologías, o letras muertas de lo establecido en partidos políticos, votemos directamente, proyectos, propuestas, modelos o formas de hacer las cosas y que la ejecución de las mismas, pase a ser un tema totalmente secundario, esto sí podría denominarse algo que genere una revalidación de lo democrático, pero no estamos en condiciones de hacerlo actualmente, primordialmente porqué el gobierno de ese pueblo, está en manos de uno sólo, a lo sumo, en cogobierno por un legislativo (con flagrantes problemas en relación a la representatividad, que sería todo un capítulo aparte el analizarlo) y supeditado a un judicial, que siempre falla, de fallar en todas sus acepciones, liberar la opción de ese pueblo, para que elija su gobierno, mediante las ideas que se le propongan, sin que sea esto eclipsado por la figura de un líder o lo que fuere, en tanto y en cuanto siga siendo uno, recién podrá ser posible, cuando su vínculo con la vida y la muerte, no tenga que ser anatematizado mediante la creencia o no creencia, que como vimos son las dos caras de una misma moneda, en un ser único y todo poderoso, creador de este mundo y de todos los otros, los posibles como los imposibles.

 

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La violencia del estado que en la actualidad se traduce en su sobre-presencia en ciertos sectores a costa de la ausencia del mismo en vastas áreas y bolsones, la sobreactuación de un supuesto sentir o hacer democrático, en donde sólo se ejerce una dudosa aclamatoria de mayorías (sistemas de preselección de candidatos cerrada, como internas que no se llevan a cabo, que transfieren el sentido de elegir por el de optar, entre quiénes ellos, de acuerdo  a sus reglas disponen que tengamos que optar, es decir elegir condicionados) debería estar tipificado en la normativa, como uno de los delitos más flagrantes contra las instituciones y el pleno ejercicio de la libertad, de tal manera, la ciudadanía no tendría excusas como para no levantarse en puebladas, en manifestaciones que dan cuenta de la total y absoluta anomia, en que la incapacidad de cierto sector de la clase política nos puede volver a conducir en cualquier otro momento u oportunidad. Propuestas es lo que sobra, se precisa de predisposición de estos para hacerles sentir a la ciudadanía que algo determinan, con el pago de sus impuestos y con sus votos. En tiempos electorales, una práctica que debería ser desterrada y que es una muestra expresa del democraticidio, es la compra de votos, sea mediante una dádiva, prebenda, por intermedio de corte de chapas, dinero, mercadería, merca o lo que fuere, como de las mentiras flagrantes e inconsistentes las que ofrecen por doquier. Como también lo es la no sanción de los hechos de corrupción, o la dilación en demasía para resolver los mismos, perpetrados por hombres que hayan pertenecido al funcionariado público.

 

Si somos presa de políticos corruptos seguiremos encarcelados en el imperativo de una sociedad penalizada y penalizante para sancionar delitos y no para reconvertir conductas que no nos lleven a ellas.

 

Hasta aquí sí se quiere, nada nuevo bajo el sol, o desconocido para todos aquellos a quiénes, Alfonsín nos prometió que con “la democracia se educa, se come, se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear…” la nueva modalidad, de estas suertes de “democraticidios” que nos afectan, es que el poder unipersonal del ejecutivo nacional, pasó a un sistema, tal como lo definió un constitucionalista “vicepresidencialista” y por tanto, Alberto, el creador del “borocotismo”, tal como Víctor Frankenstein, pasó a ser víctima de su propia creación, de su mutación práctica de lo representativo.

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En la aceleración, profundización o intensificación del cristinismo, camporismo o kirchnerismo recargado, en el que recayó Alberto, no quedaría otro espacio en la historia para él, que un título de un libro escrito por Miguel Bonasso, acerca de Héctor Cámpora; “El presidente que no fue”.

 

La mayoría que se construyó a tales efectos, con una propagación mayor que la de un virus desconocido y contagioso, se reconstituye con proverbial dinámica y en las próximas elecciones demostrará cuán cerca o lejos puede estar de un poder político, en la actualidad, “borocotizado”.

 

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(*) Por Francisco Tomás González Cabañas.

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