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Signos Literarios

Alejandra Pizarnik revisitada

LUIS BENÍTEZ (*)

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Uno de mis amigos de mayor edad tuvo con ella una relación sentimental: la describe como adorable, extraordinaria e insoportable. Había que turnarse para lograr que se durmiera en el departamento de la calle Charcas, en Buenos Aires, siempre aterrorizada por la posibilidad de que su madre viniera a invadir su espacio.


Había que estar atento al teléfono aguardando la repetida noticia: ”Alejandra se suicidó de vuelta”, hasta que un día de 1972 la casi rutinaria advertencia se volvió realidad. La conocí en el bar de la Sociedad Aargentina de Escritores, ese mismo año. Fue la única vez que la vi: medía un metro y medio y no dejaba de hacer citas literarias hasta el hartazgo. Cuando murió, empezó a ser canonizada lentamente y hoy es una leyenda explotada hasta el límite: todos la trataron, todos fueron sus amigos íntimos, todos tienen la clave de su poesía. Era una poeta auténtica y le tocó la suerte que se puede esperar cuando el talento es “reconocido”: la incorporación al panteón, previa desfiguración ritual. LA HIJA DEL “CUENTENIK” DE AVELLANEDA Fernando es hoy un hombre que pasó de la madurez. Hace más de veinticinco años podía tomar vodka toda la noche, en su departamento del barrio de Congreso, en el centro de Buenos Aires. Tiene todavía un don, Fernando: puede uno instalarse frente a él, sintonizarlo, y escuchar por vía directa la verdad respecto de cómo era la vida literaria cuando tenía 30 años y frecuentaba a Alejandra Pizarnik. Explicaba Fernando hace más de dos décadas, a las dos de la mañana, que su relación con Alejandra era bastante difícil. Para empezar, la Pizarnik era alguien imprevisible y muy escurridizo. Alejandra era la hija menor de un cuentenik de Avellaneda, una ciudad pegada a la de Buenos Aires hasta el punto de parecer su misma continuación. Esta palabra cuentenik, en yiddish, designaba a uno que vendía mercancía de puerta en puerta, en varias cuotas. Hoy ese oficio ha desaparecido, gracias a que nadie le abre la puerta a nadie en Avellaneda ni en ninguna otra parte, pero en los ´30 y en Avellaneda, eso era algo habitual. El señor Pizarnik había emigrado de la URSS buscando barrios mejores y en el exilio, lo mejor era encontrar un sitio donde la colectividad judía no fuera demasiado ultrajada. Esa Avellaneda, donde la colectividad era lo suficientemente abundante y poderosa como para no ser molestada por las fuerzas en movimiento en el resto del mundo, era el sitio adecuado. El señor Pizarnik se estableció allí e incluso prosperó: vendiendo puerta a puerta ropa barata y manteles de ocasión, alcanzó a establecerse y hasta a comprar un departamento en la calle Lambaré, a una cuadra de la avenida Mitre, donde nació su primera hija, Miriam, que sigue casi tan pelirroja como entonces y tiene 75 años y vive en Buenos Aires. Curiosamente, apunto, la casa de Alejandra Pizarnik distaba pocas cuadras de la de la infancia de otro bienaventurado de la poesía argentina, Néstor Perlongher, hijo de un taxista de Avellaneda. La esposa del señor Pizarnik, mientras él era tan querido y afable, demostraba un carácter hostil en general: para la época en que nació su segunda hija, Flora Alejandra, todo el barrio le temía -más o menos- hasta que la relación de esposo bien recibido/señora terrible explotó. La mujer comenzó a exacerbar su batalla contra el entorno y especialmente contra sus vecinos inmediatos, los del mismo edificio, a quienes acusó de robarles el agua a ella y a su familia, mientras unas irregularidades en el suministro del líquido municipal atormentaban a toda Avellaneda. El reparo por lo que fueran a decir sus vecinos llevó al señor Pizarnik a poner tierra de por medio entre tanta discordia: se mudaron al cercano barrio de Barracas, a un departamento en la avenida Montes de Oca. Para ese entonces el antiguo cuentenik había prosperado bastante más, pues alquilaba algunos locales propios de la calle Vélez Sarsfield, en Avellaneda. Cuando sus inquilinos se llegaban a la casa de Montes de Oca a pagarle la renta, eran recibidos por el propietario con el dedo índice sobre los labios y una advertencia: “Shhh, hable por favor en voz baja, que Alejandrita está al lado con los profesores”. Aquel inmigrante modestamente enriquecido, así prevenía sobre molestar a su desgarbada, huraña y hasta extraña hija menor, que recibía en la habitación contigua a gente mayor que ella: poetas, narradores, ensayistas -Alejandra aún no había terminado la secundaria- que la iban formando en aquella no menos extraña afición que no terminaba de comprender: la de escribir versos. A esas reuniones sigilosas acudía también su terapeuta desde hacía años, León Ostrov, dejándose ganar por el magnetismo de aquella adolescente que, desde entonces, quería ser poeta. Sin embargo, en aquel entonces susurrado entre inquilinos y propietario, éste -porque nuestros padres, a su manera y leal entender, lo que quieren para nosotros es lo mejor aunque a su propia escala siempre- lo único que deseaba al despedir a sus inquilinos y confidentes era “que Alejandrita, Dios lo quiera, se case cuanto antes”. ALEJANDRITA SE CONVIERTE EN PIZARNIK Para la memoria de los vecinos de Avellaneda la imagen un poco desdibujada de Alejandra Pizarnik no es demasiado agradable: una chica decididamente fea, pero además antipática, tímida hasta el exceso, “rara”. Rara porque no se daba casi con nadie y cuando se fue a Europa nadie volvió a saber de ella. Más o menos por ahí, por esa época, Alejandrita comenzó a ser Alejandra Pizarnik. De hecho, precisaba alejarse definitivamente de todo aquello que constituía su historia y su barrio. Para Alejandra, este paso estuvo dado por su ingreso, en 1954, a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde acudía tomándose el colectivo para atravesar el Rubicón entre el pasado y lo que hoy podemos llamar su posteridad. PRIMEROS LIBROS Y AMISTADES LITERARIAS Un año después de ingresar a la facultad la abandona y publica su primer libro: La Tierra Más Ajena, en Ediciones Botella al Mar, aquella que dirigía el poeta español Arturo Cuadrado. Se trata de un libro pequeño en páginas e intenso en versos, ilustrado con grabados de Seoane. En su tapa rústica y rojiza, se leen los nombres de Pizarnik completos: Flora Alejandra, y sería la última vez que firmaría así sus libros. Aunque sea de ella, es un primer libro, donde aquellos elementos que la llevarían a ser una de las voces más importantes de la poesía argentina del siglo pasado aún están en ciernes. Leerlo es como verla detrás de un espejo empañado. Inclusive, la autora luego le negará a La Tierra Más Ajena el más mínimo reconocimiento, aunque sí, ella ya está en sus páginas. Abandonada la carrera de Letras, Alejandra se entregará al estudio de la pintura, acudiendo con sus óleos y sanguinas al taller del maestro Juan Battle Planas: no se destacó precisamente como artista plástica, es cierto, pero también es cierto que conservó toda su vida -como André Breton- el gusto por el dibujo y la pintura. Internada años después en el Moyano, se hizo amiga de una artista plástica cabal: Aída Carballo, y conservó aquella amistad labrada en circunstancias trágicas hasta el mismo día de su muerte. Por otra parte, el conocimiento de la pintura le reportó a Pizarnik un beneficio para su obra literaria: contribuyó a perfeccionar su modo de distribuir el texto -entendido como imagen- sobre la página, al estilo de los célebres Caligramas de Guillaume Apollinaire; un recurso del que abusarían luego los poetas concretistas. En 1956 publicaría La Ultima Inocencia, un nuevo volumen de versos -más depurados, más suyos- dedicado a su terapeuta, León Ostrov. Las Aventuras Perdidas se editó en 1958, coincidiendo con el inicio de su amistad con Olga Orozco, también prolongada hasta su desaparición. Por entonces ya frecuentaba asiduamente a otros poetas, como Rubén Vela y Raúl Gustavo Aguirre, este último director de la revista Poesía Buenos Aires, donde habían aparecido publicados algunos poemas de Alejandra. También se relacionó por aquellos años con Susana Thénon, H.A. Murena (seudónimo de Héctor Alvarez), Eduardo Romano, Elizabeth Azcona Cranwell, Horacio Salas, José “Pepe” Bianco -secretario de redacción de la revista Sur- y Alberto Girri. Para ese entonces el tema de la desesperación y el de la muerte ya se iban marcando decididamente en su poesía, aunque sin jugar con estas ideas desde el humor negro, como lo haría después, sino reducida su óptica todavía a una visión trágica de los mismos. Por esa época se produjo la muerte del poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, por quien la autora sentía una pasión muy honda, y el hecho no dejó de acentuar su depresión y pesimismo, que luego se volverían extremos. PARÍS, 1960-1964 Los cuatro años que Pizarnik residió en Francia parecen haber sido los de un florecimiento personal: de hecho, algunos de sus mejores poemas los escribió en París, mientras se las arreglaba para sobrevivir con estrecheces, gracias a un mínimo aporte de su familia y a colaboraciones en Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, Les Lettres Nouvelles, la Nouvelle Revue Française y otras publicaciones donde su presencia era más esporádica. Es en la capital francesa donde establece sólidos vínculos amistosos con el mexicano Octavio Paz y el argentino Julio Cortázar, así como con la esposa de este último, Aurora. También frecuenta el trato de los poetas Yves Bonnefoy y Henri Michaux. Recordemos que la primera y hoy inconseguible edición de Arbol de Diana, editado durante la etapa francesa de Pizarnik (1962) lleva un prólogo del propio Paz. LA FATAL BUENOS AIRES Vuelta a Buenos Aires a finales de 1964, ya su ánimo se ensombrece y de ello da cuenta su siguiente volumen poético, Los Trabajos y los Días (1965), donde el clima desesperado se plasma en versos de un gran rigor y factura, de los mejores que escribió Pizarnik. La concisión que es una marca de su obra alcanza en Los Trabajos y los Días una de sus cumbres y no es extraño que ya tres generaciones literarias hayan “abrevado” de este libro con resultados tan dispares como los que marca el talento necesario para elegir una influencia y vérselas con el logro de la propia obra después. Por aquel entonces, los poemas de Pizarnik ya iban alcanzando una notable difusión, no sólo a través de sus contactos en Europa, sino también por la publicación de poemas suyos en revistas de varios países latinoamericanos. Con Los Trabajos y las Noches -un juego, su título, con el del clásico Los Trabajos y los Días, de Hesíodo- Pizarnik alcanza el Primer Premio Municipal de Literatura en la categoría Poesía Edita, así como el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes. El Premio Municipal de Poesía significó para ella algún ingreso constante, al estar dotado de una pensión vitalicia, pero de todos modos sus problemas económicos, aunque amenguados, continuaron hasta el final. Por esos tiempos, cuando ya vivía en el departamento de la calle Charcas donde iba a poner fin a sus días y que era propiedad de su madre, Alejandra colgaba de las paredes disfraces que de tanto en tanto lucía -frente a amigos y dicen que también a solas-. En esta nueva etapa la poeta fue agudizando el desorden de su personalidad, en una caída atenuada de tanto en tanto por súbitos fogonazos de aquello que llamamos -a falta de una descripción mejor- “estar en la realidad”. De todos modos, se produjeron tres internaciones siquiátricas en siete años, jalonadas por la publicación de Extracción de la Piedra de la Locura (1968), El Infierno Musical (1971) y en este mismo año, La Condesa Sangrienta, un texto prosístico que evoca como pre-texto a Madame Bathory, la versión femenina de Drácula, personaje presuntamente histórico que le sirve a Alejandra para realizar una fantástica proyección sobre páginas cargadas de vampirismo, alienación, sadomasoquismo. De esta época, mi amigo Fernando recuerda que el grupo de sus conocidos se turnaba para hacer dormir a Alejandra, para lo cual había que contarle cuentos o leerle poemas, para retirarse después como del cuarto de un niño. Siempre según la fuente, lo que más temía Alejandra era la irrupción de su madre, aquella señora que en la infancia de la poeta había logrado que toda la familia se mudara por mantener ella reyertas con todo el vecindario. También recuerda Fernando que los intentos de suicidio de Alejandra no fueron pocos: algunos ya no le creían cuando los anunciaba. Como en Pedro y el lobo, aquella narración infantil, finalmente el lobo apareció el 25 de septiembre de 1972, con una garra llena de seconal. Una semana después, en Buenos Aires, todavía varias personas descreían de que Alejandra Pizarnik, en una salida de su última internación, se había suicidado para siempre en primavera. OBRAS DE ALEJANDRA PIZARNIK La tierra más ajena (1955) La última inocencia (1956) Las aventuras perdidas (1958) Arbol de Diana (1962) Los trabajos y las noches (1965) Extracción de la piedra de la locura (1968) El infierno musical (1971) La condesa sangrienta (1971) DE “LA TIERRA MAS AJENA” LEJANIA Mi ser henchido de barcos blancos. Mi ser reventando sentires. Toda yo bajo las reminiscencias de tus ojos. Quiero destruir la picazón de tus pestañas. Quiero rehuir la inquietud de tus labios. Porqué tu visión fantasmagórica redondea los cálices de estas horas? NOCHE correr no sé donde aquí o allá singulares recodos desnudos basta correr! trenzas sujetan mi anochecer de caspa y agua colonia rosa quemada fósforo de cera creación sincera en surco capilar la noche desanuda su bagaje de blancos y negros tirar detener su devenir DE “LA ULTIMA INOCENCIA” (1956) SALVACIÓN Se fuga la isla. Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta. Ahora es el fuego sometido. Ahora es la carne la hoja la piedra perdidos en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilización que purifica la caída de la noche. Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía. ALGO noche que te vas dame la mano obra de ángel bullente los días se suicidan ¿por qué? noche que te vas buenas noches LA DE LOS OJOS ABIERTOS la vida juega en la plaza con el ser que nunca fui y aquí estoy baila pensamiento en la cuerda de mi sonrisa y todos dicen esto pasó y es va pasando va pasando mi corazón abre la ventana vida aquí estoy mi vida mi sola y aterida sangre percute en el mundo. pero quiero saberme viva pero no quiero hablar de la muerte ni de sus extrañas manos. ORIGEN Hay que salvar al viento Los pájaros queman el viento en los cabellos de la mujer solitaria que regresa de la naturaleza y teje tormentos Hay que salvar al viento DE “LAS AVENTURAS PERDIDAS” (1958) CENIZAS Hemos dicho palabras palabras para despertar a los muertos, palabras para hacer un fuego, palabras donde poder sentarnos y sonreír. hemos creado el sermón del pájaro y del mar, el sermón del agua, el sermón del amor. Nos hemos arrodillado y adorado frases extensas como el suspiro de la estrella, frases como olas, frases como alas. Hemos inventado nuevos nombres para el vino y para la risa, para las miradas y sus terribles caminos. ORIGEN La luz es demasiado grande para mi infancia. Pero ¿quién me dará la respuesta jamás usada? Alguna palabra que me ampare del viento, alguna verdad pequeña en que sentarme y desde la cual vivirme, alguna frase solamente mía que yo abrace cada noche, en la que me reconozca, en la que me exista. pero no. Mi infancia sólo comprende al viento feroz que me aventó al frío cuando campanas muertas me anunciaron. Sólo una melodía vieja, algo con niños de oro, con alas de piel verde, caliente, sabio como el mar, que tirita desde mi sangre, que renueva mi cansancio de otras edades. DE “ARBOL DE DIANA” (1962) 1 He dado el salto de mí al alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace. 2 Estas son las versiones que nos propone: un agujero, una pared que tiembla… 3 sólo la sed el silencio ningún encuentro cuídate de mí amor mío cuídate de la silenciosa en el desierto de la viajera con el vaso vacío y de la sombra de su sombra 4 Ahora bien: Quién dejará de hundir su mano en busca del tributo para la pequeña olvidada. El frío pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará. Pagará el trueno. a Aurora y Julio Cortázar 5 por un minuto de vida breve única de ojos abiertos por un minuto de ver en el cerebro flores pequeñas danzando como palabras en la boca de un mudo 6 ella se desnuda en el paraíso de su memoria ella desconoce el feroz destino de sus visiones ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe 7 Salta con la camisa en llamas de estrella a estrella, de sombra en sombra. Muere de muerte lejana la que ama al viento. 8 Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero. No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá. 9 Estos huesos brillando en la noche, estas palabras como piedras preciosas en la garganta viva de un pájaro petrificado, este verde muy amado, este lila caliente, este corazón sólo misterioso. 10 un viento débil lleno de rostros doblados que recorto en forma de objetos que amar 11 ahora en esta hora inocente yo y la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada DE “LOS TRABAJOS Y LAS NOCHES” (1965) POEMA Tú eliges el lugar de la herida en donde hablamos nuestro silencio. Tú haces de mi vida esta ceremonia demasiado pura. REVELACIONES En la noche a tu lado las palabras son claves, son llaves. El deseo de morir es rey. Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones. EN TU ANIVERSARIO Recibe este rostro mío, mudo, mendigo. recibe este amor que te pido. Recibe lo que hay en mí que eres tú. DE “EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA” (1968) CANTORA NOCTURNA Joe, macht die Musik von damals nacht… La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad. Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella canta. a Olga Orozco VÉRTIGOS O CONTEMPLACIÓN DE ALGO QUE TERMINA Esta lila se deshoja. Desde sí misma cae y oculta su antigua sombra. He de morir de cosas así PRIVILEGIO I Ya perdido el nombre que me llamaba, su rostro rueda por mí como el sonido del agua en la noche, del agua cayendo en el agua. Y es su sonrisa la última sobreviviente, no mi memoria II El más hermoso en la noche de los que se van, oh deseado, es sin fin tu no volver, sombra tú hasta el día de los días NUIT DU COEUR Otoño en el azul de un muro: sé amparo de las pequeñas muertas. Cada noche, en la duración de un grito, viene una sombra nueva. A solas danza la misteriosa autónoma. Comparto su miedo de animal muy joven en la primera noche de las cacerías. FRAGMENTOS PARA DOMINAR AL SILENCIO I Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos. II Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo. Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán para sollozar entre flores. No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellas las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris. III La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aun si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino. DE “EL INFIERNO MUSICAL” (1971) PIEDRA FUNDAMENTAL No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo. Un canto que atravieso como un túnel. Presencias inquietantes, gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje que las alude, signos que insinúan terrores insolubles. Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan, y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos, aquello me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno baldío, no, he de hacer algo, no, no he de hacer nada, algo en mi no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente distinta de ella. En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos. No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la tentativa inútil de trancribir relaciones ardientes. ¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado. las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando cuentos de álamos nevados? Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Solo cuando un refrán reincidía, alentaba en mi la esperanza de que se abasteciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte? Tal vez en este poema que voy escribiendo). Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas. (Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas). (Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto…) Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero). Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que la muerte era decir un nombre sin cesar. No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato. No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible que sea una trampa, un escenario más. Cuando el barco alternó su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy invisible aún para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un jardín. Hay un jardín. EL INFIERNO MUSICAL Golpean con soles Nada se acopla con nada aquí Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos filosos de mi memoria Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar entre mis piernas La cantidad de fragmentos me desgarra Impuro diálogo Un proyectarse desesperado de la materia verbal Liberada a sí misma Naufragando en sí misma EL DESEO DE LA PALABRA La noche, de nuevo la noche, la magistral sapiencia de lo oscuro, el cálido roce de la muerte, un instante de éxtasis para mí, heredera de todo jardín prohibido. Pasos y voces del lado sombrío del jardín. Risas en el interior de las paredes. No vayas a creer que están vivos. No vayas a creer que no están vivos. En cualquier momento la fisura en la pared y el súbito desbandarse de las niñas que fui. Caen niñas de papel de variados colores. ¿Hablan los colores? ¿Hablan las imágenes de papel? Solamente hablan las doradas y de ésas no hay ninguna por aquí. Voy entre muros que se acercan, que se juntan. Toda la noche hasta la aurora salmodiaba: Si no vino es porque no vino. Pregunto. ¿A quién? Dice que pregunta, quiere saber a quién pregunta. Tú ya no hablas con nadie. Extranjera a muerte está muriéndose. Otro es el lenguaje de los agonizantes. He malgastado el don de transfigurar a los prohibidos (los siento respirar adentro de las paredes). Imposible narrar mi día, mi vía. Pero contempla absolutamente sola la desnudez de estos muros. Ninguna flor crece ni crecerá del milagro. A pan y agua toda la vida. En la cima de la alegría he declarado acerca de una música jamás oída. ¿Y qué? Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.

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Primer concurso internacional de Poesía Japonesa “Tierra de Haikus”

LITERATURA

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En honor a los 120 años del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado entre Argentina y Japón el 3 de Febrero de 1898, se lanzará el jueves próximo desde el Jardín Japonés (Buenos Aires) el primer concurso internacional de Poesía Japonesa “Tierra de Haikus”. La iniciativa es impulsada por la Fundación E Jendú Arte y Cultura, Imagen Diplomática, la Fundación “Andresito de las Misiones” y el Observatorio Social por la Paz y cuenta con el auspicio de la Embajada Japonesa en Argentina.


Las organizaciones que impulsan el certamen desarrollan sus actividades con miras a la reafirmación y expansión en todo el mundo de la Cultura de paz, con especial atención a la filosofía y los objetivos de Naciones Unidas, representados en sus distintos estamentos y agencias, como así también en sus diversos Programas, Fondos y Organismos, que tienen por principal causa el derecho de todos los pueblos del universo a la paz duradera y definitiva.

 

Este Primer Concurso Internacional tiene como objetivo principal la exaltación de la poesía en general y de la poesía japonesa en particular; al mismo tiempo que busca reafirmar el espíritu de confraternidad y amistad entre el Japón y la Argentina, en Honor y Homenaje a los 120 años del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado entre ambos países el 3 de Febrero de 1898

 

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Vale señalar que el milenario Haiku, es una composición poética japonesa que consta consecutivamente de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas (diecisiete en total).

 

 

 

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Otra publicación en revista internacional para teórico correntino

FRANCISCO TOMÁS GONZÁLEZ CABAÑAS

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La propuesta de reforma democrática, “El voto anticipado” del autor Francisco Tomás González Cabañas fue publicada por la prestigiosa  Revista española de la transparencia, ISSN-e 2444-2607, Nº. 6,  del año 2018, en las págs. 102-104. Para el creador del índice democrático, herramienta que mide las prácticas democráticas en los distintos poderes de los distritos auditados, se trata de la publicación número quince por parte de revistas internacionales que imponen estándares de exigencia y de calidad para publicar desarrollos teóricos, que como en otras elaboraciones de González Cabañas  (voto compensatorio, gabinete ciudadano, cámara de dipunadores) sostienen novedosos criterios o categorías para remozar la democracia como la experiencia que puede, o debe, seguir siendo mejorada para representar, palmariamente, el gobierno del pueblo o de los ciudadanos.


“Al establecer la posibilidad de un voto anticipado, se conseguirían modificaciones sustanciales, giros copernicanos en la política cotidiana, que al constituirse en concomitantes, complementarias o en paralelo, con el voto o sufragio clásico y tradicional, de ningún modo significara una ruptura conflictiva, una instancia revolucionaria traumática, sino simple y llanamente la consolidación de la democracia misma, resignificando, desde lo electoral su definición histórica como etimológica.

 

El voto anticipado, permitirá que el ciudadano, en los tiempos actuales en donde considera un valor positivo el compartir sus gustos, preferencias y elecciones, ante sus semejantes, por intermedio de plataformas virtuales o de redes, haga lo propio con su preferencia electoral o política. El voto o sufragio clásico, que en varias aldeas occidentales, sigue amparado por ley, para que se lo respete en su condición secreta, fungió con utilidad hace décadas atrás, cuando las realidades sociales y existenciales no habían sido gravitadas por la explosión del mundo digital y de la cada vez más influyente inteligencia artificial. Sería más que una falta de tino el señalar, como se vio modificada la vida diaria del occidental promedio, de dos décadas a esta parte, más bien, es incomprensible como aún no se haya generado, hasta esta oportunidad, la posibilidad para que el ciudadano moderno, pueda hacer visible, pueda exteriorizar sus elecciones políticas, y en el caso de que lo decida que lo comparte y difunda, tal como lo hace con todos los otros (al menos tiene tal posibilidad) aspectos de su vida que no solo son considerados públicos, sino también áreas o zonas privadas”.

 

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Estos párrafos que hacen mención al desarrollo teórico de Francisco Tomás González Cabañas, publicados por la revista internacional de marras, evidencian el grado de audacia teórica, de arriesgada creatividad, sostenidas en giros arguméntales y en razonamientos acendrados en la historia del pensamiento que lo preceden al correntino, construyendo para sus consideraciones y categorías un sendero en donde seguramente tantos más que vengan con él o detrás suyo, erigirán bajo estos pilares una nueva consideración de lo político como de lo democrático.

 

 

 

 

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Publican obra de intelectual Correntino en revista de Literatura Peruana

FILOSOFIA

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El texto “Crónicas de Bosque” de Francisco Tomás González Cabañas, fue publicado en la Revista editada en el Perú “Dúnamis”, en su número  8 del año 9, correspondiente a Septiembre del año en curso.


Con la presente el autor suma 8 publicaciones en revistas internacionales (la mayoría de ellas especializadas en filosofía) en menos de un año, como dos libros de filosofía política publicados, uno de ellos (El Voto Compensatorio) editado en Alemania, y la aceptación a más de una veintena de diferentes congresos internacionales de diversas ponencias oportunamente enviadas y aceptadas.

 

Crónicas de Bosque, es un relato ficcional, que vislumbra una crítica social que encierran al autor en sinuosos laberintos de persecución e indiferencia por parte de quienes pretenden una sociedad sesgada, en donde las decisiones son tomadas por facciones con poder circunstancial y por tanto el ejercicio ciudadano y la vida democrática, pasan también a ser literatura o filosofía ficcional.

 

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CRÓNICAS DE BOSQUE

Se estima que tiempo antes de la existencia de los guaraníes nuestras tierras fueron habitadas por una civilización que ha dejado muy pocos rastros de su existencia. Alcanzando el grado de mito, como la célebre Atlantis, daremos cuenta, de la información que contamos acerca de la cultura que podríamos dar en llamar como de los “Gentereí”.

 

En un tiempo no precisado de la historia, en lo que actualmente se conoce como el litoral argentino, una cultura de peculiares características, tuvo su apogeo y extinción, bajo sinuosidades sociales y políticas, que en la actualidad nos pueden parecer, casi familiares y cotidianas, por lo que no es demasiado arriesgado suponer, que pese a los siglos transcurridos y por más que las evidencias materiales no sean contundentes, tenemos una carga genética o arrastramos signos de quiénes serían nuestros antepasados directos; los Gentereí.

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http://dunamitarte.com/2015/11/29/cronicas-del-bosque/

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