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Después de las elecciones

LUIS BRUSCHTEIN (*)

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Aplacado el ajetreo de la campaña, el país vuelve a surgir con sus propios ritmos, incomodidades y soñolencias, poco dispuesto a dejarse domar por los esquemas y las consignas de alto impacto publicitario con que han tratado de atraparlo los candidatos en sus discursos.


Así son las campañas electorales y el país no es así, es más remolón y complejo y sobre todo, concreto. Esta fue una campaña con poca publicidad si se la compara con otras y prácticamente sin concentraciones ni marchas callejeras. Como todas las campañas, no ha sido rica en contenidos y los discursos oscilaron entre la ambigüedad y la consigna. Pero éste no es un pecado de los políticos sino, en todo caso, una consecuencia de ellos, porque es lo que esperan escuchar los electores. Los asesores de imagen saben que una campaña de contenidos es aburrida para la gente. Saben que las elecciones legislativas por sí mismas no despiertan gran expectativa y que deben atravesar una gruesa capa de desinterés por parte de la sociedad. Aquel candidato que se detenga a desarrollar sus ideas pierde votos, en gran medida porque el doble discurso desacreditó las palabras y las promesas electorales. Después de la vorágine del 2001 con la sensación de que todos los días se abría un precipicio que había que salvar, con un país movilizado, crispado por un fuerte instinto de sobrevivencia ante la inminencia de la catástrofe, se llegó a un tramo de aguas calmas. El país crispado se replegó a una nueva rutina de expectativas más caseras. La descripción del país de hace cinco años parece historia antigua, como los ecos lejanos de otras conmociones más distantes y ajenas, menos personales. Así como esos corcoveos titánicos se produjeron en pocos días, los cambios que provocaron tienen un desarrollo más lento. Y se mantienen muchos rasgos de la crisis que provocó el 2001. La desconfianza con los políticos y la política es uno de ellos. La diferencia es que el fuerte rechazo de aquellos días se trocó en una actitud más displicente, más de desinterés que de rechazo. El entusiasmo de los candidatos, que alcanzaba también a un primer círculo de sus entornos, tiene una explicación que no sólo se asienta en la disputa por espacios de poder. En realidad, en estas elecciones se están produciendo cambios importantes en el esquema de partidos sobre el que se asentó el sistema tradicional de representación política. Y se trata, probablemente, de la modificación más profunda de los últimos cincuenta años. Ese contraste expresa una obviedad, está diciendo que se necesitan nuevas formaciones políticas que sean capaces de perforar la coraza que las separa de la sociedad. Lo interesante es que ese proceso está abierto y las agrupaciones de todo el espectro ideológico se han esforzado por mostrar su nueva sensualidad, todavía con éxito regular. O sea, tendrán que esforzarse más todavía. Pero esa sensación de apatía puede llevar a conclusiones falsas. En las elecciones correntinas pasadas muchos analistas pronosticaron que habría un alto abstencionismo, lo cual no ocurrió, y por el contrario se verificó una asistencia un poco más alta que en comicios anteriores. Los tiempos de la sociedad son distintos a los de los políticos. Sin embargo, el discurso antipolítico que cundió en el 2001 ha sido reemplazado progresivamente por una actitud crítica, distante, pero al mismo tiempo reflexiva sobre el voto. Un dato que surge de las encuestas es que mucha gente decidió su voto en los últimos días, prefirió ver a los candidatos, reflexionar sobre la situación y decidir sin que pesaran tanto como antes las identidades políticas previas. La misma polarización que se produce en la ciudad de Buenos Aires, en el distrito bonaerense o en la provincia de Santa Fe, pone de manifiesto que se trata de un voto pensado y no automático. El proceso de transformación del sistema de partidos se va produciendo a los tropezones y en las condiciones que subyacen en la misma sociedad que los ha criticado. No se trata de un cambio instantáneo sino que es un momento de transición, sin que los mismos protagonistas ni la sociedad tengan en claro cuál será su culminación. Algunas ideas apenas esbozadas apuntan a la formación de dos grandes fuerzas que aglutinen el centroderecha y el centroizquierda. Es una visión razonable que no termina de definir con claridad bajo qué formas, con qué vertientes, cuáles dirigentes y qué visión del país. Y que parte de presuponer que los dos partidos históricos, el PJ y la UCR, se dividirán para aportar a las dos ramas de esa bifurcación. Lo real es que se trata de un escenario abierto donde subsisten los partidos y las lógicas históricas así como muchos de los viejos dirigentes y donde la mayoría de los protagonistas no comparte ni tiene la voluntad de marchar hacia esa configuración. Y en la sociedad, en la mayoría menos politizada, tampoco podría leerse por ahora una expectativa clara en ese sentido, más allá de que esa imagen pueda ser positiva. El futuro es incierto y no se definirá en una sola elección sino a lo largo de un proceso en que las nuevas propuestas interactúen con la sociedad y puedan reformularse y transformar la práctica de la política. Esa será la verdadera reforma política. Al mismo tiempo que se produce esa modificación un tanto caótica y a los tropezones, el país mismo va sufriendo cambios profundos en su conformación social y en sus procesos económicos. Tampoco estos cambios han sido la consecuencia de un camino previo de crecimiento político o de un programa o de un proyecto de país, sino que se produjo, al igual que en el plano político, como rebote de la crisis terminal del modelo anterior. La crisis podría haber derivado, como en Ecuador, hacia la profundización del modelo, con dolarización y acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, pero se encaminó hacia un esquema basado en la producción y la exportación. Hubo un cambio objetivo que produjo un beneficio general, pero también es cierto que benefició más a unos que a otros. Si bien bajaron los índices de pobreza y desempleo, no es que la pobreza haya desaparecido sino que es otro tipo de pobreza. La única respuesta posible a la pobreza estructural del modelo neoliberal, por ejemplo, era el asistencialismo, los planes sociales. La respuesta a la pobreza en este nuevo esquema pasa centralmente por la generación de trabajo genuino, de salarios justos y por la democratización de la salud, la educación y la creación de vivienda. Las capas medias, que tendían a la desaparición y la marginalidad, tienen otro tipo de inserción en este cuadro a partir de la reactivación del mercado interno y la revaloración de los técnicos y profesionales. Y el cambio del patrón de acumulación produjo también movimientos entre los factores de poder económico. Hay un nuevo país, un nuevo escenario, dentro del cual se abren proyectos diferentes y que juegan también de manera totalmente distinta a como lo hacían los proyectos que confrontaron en los 30 años del modelo, desde izquierda y derecha. La política no termina de dar cuenta de esta nueva realidad, los nuevos proyectos por ahora son apenas esbozos y la discusión implícita es como si el país todavía estuviera en los “90. Por lo que el debate político es coyuntural alrededor de medidas o críticas puntuales. Más que un esfuerzo programático sería necesario enriquecer el lenguaje de la política con esta nueva realidad para que trascienda con una mirada más abarcadora. La imagen es la de un país que se va transformando por inercia sin que haya una descripción consciente de esa transformación que permita orientarla. Las elecciones de mañana forman parte de este proceso y ayudarán a aclarar un panorama que apenas empieza a tomar forma. (*) Periodista, Pagina /12

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Opinión

Cuando el mérito no importa

OPINIÓN (*)

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Dijo en San Juan el presidente Fernández: “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años, porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres”.


Esto es tan falso, tan terriblemente insultante para la inteligencia, que es difícil decidir por dónde empezar a analizarlo.  Sólo diré que Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Windows), Jeff Bezos (Amazon) y Marcos Galperin (Mercado Libre), son algunas de las fortunas más grandes del mundo y de Argentina, y NINGUNO fue hijo de rico.  Este pelotudismo socrático y retrógrado ha sido totalmente superado en los países desarrollados… ¡Y PRECISAMENTE PORQUE LO SUPERARON SON DESARROLLADOS!

 

Luego invocó a Alberdi y Sarmiento, reinterpretándolos con un pensamiento tan retorcido que los vuelve irreconocibles.  Dijo admirarlos porque “vislumbraron la importancia de la educación pública, que nada es más importante que el conocimiento humano” y del sanjuanino aseguró que “en un gesto inigualable de igualdad, resolvió que todos los que estudian en la escuela pública calcen un guardapolvo blanco para que las diferencias sociales allí donde se aprende no aparezcan.  Con todo eso nos dijo que el estado debe estar muy presente en el desarrollo humano y que finalmente lo que más vale es la igualdad, es propender a un sistema más igualitario”.

 

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Pobres Alberdi y Sarmiento.  Si pensamos cuales referentes históricos argentinos estuvieron absolutamente en contra de la intromisión del estado (que debía ser pequeño) en el quehacer cotidiano de los ciudadanos, fueron sin dudas estas dos inmensas figuras de nuestra patria.  Hacer semejantes distorsiones de su pensamiento es una ofensa a sus memorias y, como se hacía en la escuela, debería lavarse la boca con jabón para limpiar sus palabras.

 

Alberdi decía que “la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual” y que “la grandeza del vecino, forma parte elemental e inviolable de la nuestra”, LO OPUESTO al igualitarismo y el desconocimiento del mérito.

 

¿Y qué pensaba Sarmiento?, al que dijo admirar.  El sanjuanino dijo: “las cumbres se alcanzan doblando el empeño” y “toda la historia de los progresos humanos es la simple imitación del genio”; Don Domingo era un ferviente defensor del mérito, concepto que el señor presidente denigra.

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Es increíble que en la actualidad, con lo fácil que es conocer la realidad de otros países, todavía existan personas “educadas” (en realidad son apenas instruidas, la educación implica pensamiento crítico algo que les es ajeno) que sean tan ciegas como para dejarse engañar así.

 

El presidente habla de defender el federalismo y a las provincias del “pulpo” del puerto, cuándo el mayor héroe de esta gente fue Rosas, quien prohibió los puertos del Paraná para que todo el comercio exterior pasara por Buenos Aires, empobreciendo a las otras provincias.  Obsesión rosista por el monopolio del puerto porteño que condujo a la muerte a valerosos patriotas en la Vuelta de Obligado, sacrificio disfrazado con la mentira de la “defensa de soberanía”.

 

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Valga la apostilla: ese fue el mismo Rosas que le quitó los sueldos a los docentes de las escuelas y universidades estatales, hundiendo en la ignorancia a los pobres y yendo en contra de la tan mentada “igualdad de oportunidades” con la que se llenan la boca.

 

¿Habla del federalismo y de trato igualitario para todas las provincias?, cuando el peronismo fue el mayor promotor del crecimiento del conurbano bonaerense y que le otorgó tantos subsidios a la luz, el gas y a los combustibles, que hacía que en Buenos Aires se pagara hasta 5 veces más barato los servicios públicos que en el resto del país.  ¿En serio?  ¿Se puede ser tan caradura?  Y lo peor, ¿se puede ser tan idiota como para creerles?

 

También dijo Fernández: “lo que uno más debería desear como argentino, es que cada argentino tenga la oportunidad de nacer…”, ¿oportunidad de nacer?, ¿de qué oportunidad de nacer habla quien defiende el aborto?, ¿se puede ser más cínico y contradictorio?  “…Y de morirse feliz después de haber vivido bien, en la provincia donde ha nacido”, ¿morirse feliz?, ¿Cómo Solange que murió sin ver a su padre?, ¿o Facundo Astudillo?, ¿o Franco Martínez?, ¿o Franco Isorni?, ¿o Luis Espinoza?, todos desaparecidos y muertos en democracia en este 2020.

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Entiendo (no comparto) que los que “están prendidos” defiendan “el modelo”… ¿pero el resto?, ¿el laburante que deja más de la mitad de su sueldo en impuestos para mantener punteros y para que le den por sus impuestos la porquería de salud, educación, seguridad y justicia que tenemos?, ¿el profesional que como universitario debería ser capaz de ver más allá de las mentiras de los demagogos?  Cómo decía Sarmiento y se aplica a los “educados” que egresan de la universidad: “era el que más sabia… Pero el que menos entendía”.

 

Lo cierto es que a decir del gran sanjuanino: “la ignorancia es atrevida”, pero aún es más atrevida la avaricia, la soberbia y el despotismo de quienes conducen hoy el destino de nuestra patria y que lejos están de seguir el siguiente principio rector del cuyano: “fui criado en un santo horror por la mentira, al punto que el propósito de ser siempre veraz ha entrado a formar el fondo de mi carácter y de ello dan testimonio todos los actos de mi vida”.

 

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Quienes creemos en la Libertad, en la igualdad ante la Ley y no por la Ley, y en el Respeto por la vida y la propiedad del prójimo, no solo tenemos el deber ético y moral, sino también la impostergable necesidad de oponernos y manifestarnos en contra de los atropellos que se están cometiendo contra los argentinos y contra la República.   

 

El momento es YA… antes de que terminen de hundirnos y de someternos, antes de que no quede nada por salvar.

(*)  Rogelio López Guillemain

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Opinión

Reconvertir proyectos e innovar

POR MARIA EUGENIA MANCINI

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La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto profundo en nuestras sociedades. Además de la crisis sanitaria, ha afectado la educación, la vida social y los medios de subsistencia. A una economía difícil, esto lo ha profundizado aún más.


Para nuestros jóvenes muchos de estos impactos será a largo plazo y multidimensionales: Por ejemplo, 191 países han implementado el cierre de escuelas a nivel nacional o local, y 1,5 mil millones de personas no pueden asistir a la escuela ya que no disponen de tecnología básica para acceder a las plataformas educativas.

 

Sin embargo, hay muchos jóvenes liderando esta crisis y no se han quedado de brazos cruzados. Hay una Juventud que está apoyando el diseño y la ejecución de programas sociales pensando en caminos creativos y de respuesta.

 

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También debemos destacar la variedad de emprendimientos que han surgido adaptando propuestas comerciales a estos nuevos tiempos donde se pudo ver la creatividad y el desarrollo de productores locales.

Es fundamental continuar apoyando estos proyectos para que tengan continuidad formulando estrategias competitivas, incentivando y se conviertan en micro empresas sustentables económicamente.

 

Sumar programas de recuperación en base a economías locales y ver como su fuerza creativa comienza a enriquecer a instituciones, proyectos sustentables  y caminos nuevos para salir adelante.

 

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Pienso que un camino de desarrollo  es no solo fortalecer las economías regionales sino volver a los oficios, capacitarnos y tener herramientas prácticas para generar recursos propios.

 

Estamos atravesando un momento de reinvención muy grande y donde más que nunca necesitamos estar unidos, sacar nuestras fortalezas y trabajar juntos como sociedad pensando en lo que queremos construir, diseñando la sociedad futura, poniendo  foco en nuestros recursos y liderar.

 

Es fundamental generar herramientas para crear una sociedad más igualitaria y solidaria y no solo como respuesta a la pandemia sino también pensando a largo plazo y abordando todos  el compromiso de crear un cambio duradero.

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Opinión

La “borocotización” de Alberto

(*) OPINIÓN

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Recuerda una crónica del diario perfil: “Eduardo Lorenzo Borocotó el 23 octubre de 2005 obtuvo una banca. Pero antes de asumir algo cambió. El 9 de noviembre visitó la Casa Rosada, acompañado por su hijo. ¿Con quién tenía cita? Con el actual presidente Alberto Fernández, quien era jefe de gabinete de Néstor Kirchner.  Borocotó se reunió con los dos. A Kirchner no lo conocía. A Fernández, sí.


El mismo día del encuentro en la Rosada, Borocotó anunció su partida del bloque macrista: armó un mono-bloque independiente, afín al kirchnerismo. Alberto Fernández explicó la jugada: "Tenemos que ser amplios. Hay muchos votantes y dirigentes de ARI que están descontentos con Carrió, por ejemplo. Y nosotros estamos abiertos a recibirlos, así como a los radicales, peronistas y a todos los que crean en el proyecto del Presidente".

 

En nuestras democracias actuales, se debería empezar a pensar en que los ciudadanos, en vez de elegir a personas que encarnen proyectos, ideologías, o letras muertas de lo establecido en partidos políticos, votemos directamente, proyectos, propuestas, modelos o formas de hacer las cosas y que la ejecución de las mismas, pase a ser un tema totalmente secundario, esto sí podría denominarse algo que genere una revalidación de lo democrático, pero no estamos en condiciones de hacerlo actualmente, primordialmente porqué el gobierno de ese pueblo, está en manos de uno sólo, a lo sumo, en cogobierno por un legislativo (con flagrantes problemas en relación a la representatividad, que sería todo un capítulo aparte el analizarlo) y supeditado a un judicial, que siempre falla, de fallar en todas sus acepciones, liberar la opción de ese pueblo, para que elija su gobierno, mediante las ideas que se le propongan, sin que sea esto eclipsado por la figura de un líder o lo que fuere, en tanto y en cuanto siga siendo uno, recién podrá ser posible, cuando su vínculo con la vida y la muerte, no tenga que ser anatematizado mediante la creencia o no creencia, que como vimos son las dos caras de una misma moneda, en un ser único y todo poderoso, creador de este mundo y de todos los otros, los posibles como los imposibles.

 

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La violencia del estado que en la actualidad se traduce en su sobre-presencia en ciertos sectores a costa de la ausencia del mismo en vastas áreas y bolsones, la sobreactuación de un supuesto sentir o hacer democrático, en donde sólo se ejerce una dudosa aclamatoria de mayorías (sistemas de preselección de candidatos cerrada, como internas que no se llevan a cabo, que transfieren el sentido de elegir por el de optar, entre quiénes ellos, de acuerdo  a sus reglas disponen que tengamos que optar, es decir elegir condicionados) debería estar tipificado en la normativa, como uno de los delitos más flagrantes contra las instituciones y el pleno ejercicio de la libertad, de tal manera, la ciudadanía no tendría excusas como para no levantarse en puebladas, en manifestaciones que dan cuenta de la total y absoluta anomia, en que la incapacidad de cierto sector de la clase política nos puede volver a conducir en cualquier otro momento u oportunidad. Propuestas es lo que sobra, se precisa de predisposición de estos para hacerles sentir a la ciudadanía que algo determinan, con el pago de sus impuestos y con sus votos. En tiempos electorales, una práctica que debería ser desterrada y que es una muestra expresa del democraticidio, es la compra de votos, sea mediante una dádiva, prebenda, por intermedio de corte de chapas, dinero, mercadería, merca o lo que fuere, como de las mentiras flagrantes e inconsistentes las que ofrecen por doquier. Como también lo es la no sanción de los hechos de corrupción, o la dilación en demasía para resolver los mismos, perpetrados por hombres que hayan pertenecido al funcionariado público.

 

Si somos presa de políticos corruptos seguiremos encarcelados en el imperativo de una sociedad penalizada y penalizante para sancionar delitos y no para reconvertir conductas que no nos lleven a ellas.

 

Hasta aquí sí se quiere, nada nuevo bajo el sol, o desconocido para todos aquellos a quiénes, Alfonsín nos prometió que con “la democracia se educa, se come, se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear…” la nueva modalidad, de estas suertes de “democraticidios” que nos afectan, es que el poder unipersonal del ejecutivo nacional, pasó a un sistema, tal como lo definió un constitucionalista “vicepresidencialista” y por tanto, Alberto, el creador del “borocotismo”, tal como Víctor Frankenstein, pasó a ser víctima de su propia creación, de su mutación práctica de lo representativo.

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En la aceleración, profundización o intensificación del cristinismo, camporismo o kirchnerismo recargado, en el que recayó Alberto, no quedaría otro espacio en la historia para él, que un título de un libro escrito por Miguel Bonasso, acerca de Héctor Cámpora; “El presidente que no fue”.

 

La mayoría que se construyó a tales efectos, con una propagación mayor que la de un virus desconocido y contagioso, se reconstituye con proverbial dinámica y en las próximas elecciones demostrará cuán cerca o lejos puede estar de un poder político, en la actualidad, “borocotizado”.

 

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(*) Por Francisco Tomás González Cabañas.

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