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Opinión

La libertad es el camino

CUBA (*)

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50 años de revolución cubana invitan a la reflexión. Buena parte de la intelectualidad mundial se empeña en plantear un debate fuera de contexto. Analizan a Cuba como a un experimento en el que solo cabe observar los resultados. La revolución se juzga, según ese prisma, en función de los éxitos o fracasos obtenidos en la isla.


De un lado, los amantes del régimen dirán que Cuba ha progresado logrando importantes avances en educación, derrotando al analfabetismo, desarrollando una política de salud, cuestiones con las que se florean los fanáticos de esa historia cubana. Del otro lado, están los que despotrican contra la revolución porque la isla se ha sumergido en más pobreza y hambre, destruyendo todo a su paso. Bajo esa mirada el fracaso económico, los indicadores sociales y las postergaciones de un pueblo son el parámetro con el que se debe medir lo ocurrido en estos años. Debe tener que ver con esta vieja manía de comparar la vida humana y la política con la crónica deportiva. Es que todos creen necesario opinar con el diario del lunes. Consiste en evaluar todo según sus resultados, olvidando el marco de referencia. Parecen querer ignorar que el fracaso del régimen no se mide por sus resultados, sino por sus falencias. Cuando una sociedad ha perdido su libertad, cuando se le prohíbe pensar, soñar, escribir, expresarse, manifestarse, elegir sus autoridades, desplazarse y hasta salir del país, poco pueden importar los indicadores de ningún orden. Concentrase en los resultados es como justificar los métodos. Los logros tienen sentido en la medida que responden a la utilización de recursos moralmente validos. Ganar un partido violando las reglas, haciendo trampas, o lo que es mas grave aún, vulnerando los derechos del resto, no tiene valor alguno. Pareciera que los intelectuales del mundo, de uno y otro lado, olvidan que los resultados no pueden nunca justificar los métodos utilizados. Es que el camino lo es TODO. Explican los resultados sin mirar el “como”, desconociendo la importancia de los medios. Es difícil validar aquello de que “el fin justifica los medios”. Si la revolución cubana hubiera logrado éxitos en lo económico, desarrollo en la sociedad, generado progreso a su paso, acaso encontrarían fundamento las atrocidades que impulsó su dictadura ?. Es peligroso confundir fines con medios. Más aún aceptar el debate equivocado. Seguir ese hilo es reconocer que gana la discusión quien demuestra que los cubanos están mejor o peor, desde la revolución. Los cubanos perdieron su libertad hace mucho tiempo y ese es el problema. El resto es mera anécdota. Las contradicciones están a la orden del día. El socialismo defiende a gritos la democracia en el mundo, pero avala esta dictadura. Inclusive defiende a Castro en los foros internacionales, incluyendo cada votación en las Naciones Unidas. América Latina y sus líderes son protagonistas excluyentes de este festival de contradictorias posiciones que mezclan simpatías, romanticismo y esa gran cuota de hipocresía populista. Es paradójico como quienes hablan de defender derechos humanos en sus países se vendan los ojos cuando está en juego la posibilidad de expresarse, circular o ejercer los más básicos derechos políticos en Cuba. El periodismo aporta también esa dosis de permanente contrasentido. Ejercen su profesión porque residen en naciones que disponen de prensa libre. Hacen un culto del pluralismo y de la búsqueda de la verdad. Al mismo tiempo vitorean al déspota que impide expresiones diferentes, que prohíbe a sus habitantes pensar distinto, y que utiliza los medios de comunicación en manos del gobierno, sin exponerse a elecciones libres. Suena hasta infantil. Un niño se daría cuenta de lo insostenible de esas ideas. Sin embargo, los diarios en estos días, hablan de los FESTEJOS de la Revolución. En otro caso, le llamarían dictadura totalitaria. Son comunicadores hipócritas. Aclaman a los Castro, pero solo irían de vacaciones a la isla. Alli no podrían desarrollar su profesión. Muchos de los intelectuales que cuestionan a la isla por sus resultados, son los mismos que festejan los avances de la dictadura de la China comunista. Creen que el progreso económico, la apertura al mercado y sus fabulosos indicadores de crecimiento que lograron que varios cientos de millones de personas estén saliendo de la pobreza, pueden justificar las más flagrantes violaciones a los derechos individuales. Los éxitos o fracasos económicos no pueden JAMAS justificar la miseria humana. Los iluminados que se apropiaron desde hace décadas de la vida de los isleños deben rendir cuentas. Los cubanos deben recuperar pronto su soberanía como sociedad, para juzgar a los responsables de las violaciones a los derechos más elementales. Alguien dijo alguna vez que no existe el camino hacia la libertad, sino que la libertad es el camino. La libertad no es parte de la negociación. Es parte indivisible del ser humano y de su esencia como tal. Aquellos que violan esos principios naturales, que exceden sus propios límites y se apropian de la vida de otros seres humanos, deben dar explicaciones. Ellos se creen con una autoridad superior, conferida por vaya a saber que extraño mecanismo de selección, que nunca han transparentado. Ningún resultado, ningún indicador, nada que muestre mejores números en rubro alguno puede ser el camino para argumentar las inmoralidades que CUALQUIER dictadura utiliza para someter a su antojo a los pobladores de una comunidad. La libertad, no es parte de la transacción. La libertad es el fin, pero sobre todo, es el medio. Los resultados que se obtienen en libertad probablemente sean mejores. Eso cuenta la experiencia. Pero la razón de la libertad está en la esencia humana y no en su “circunstancial conveniencia”. Aun si los resultados fueran peores que los obtenidos con otro sistema, la humanidad no debiera aceptar ser dominada. Ese sometimiento se deriva de la violencia, el autoritarismo, la apropiación de almas y bienes que dispone de todo bajo la excusa de la búsqueda del, siempre funcional, “bien común”. Convalidar esta transacción como parte de las reglas de juego, es dar el primer paso para que la libertad nos sea quitada por la fuerza. Los resultados no pueden justificarlo. Cada uno de nosotros tiene derecho a tomar sus propias decisiones. Eso NO garantiza que sean las mejores. Solo, que sean LAS NUESTRAS. Hasta es probable que sean las peores, pero son las propias. Después de todo, los seres humanos, en libertad, decidimos y asumimos las consecuencias. De eso se trata la libertad. Que esas decisiones sean las mejores, y que de ellas se deriven óptimos resultados es solo una presunción, que hasta puede ser correcta. Pero tenemos que entender que nuestra libertad no puede depender de que ALGUIEN decida que estas son las mejores. Son nuestras. Con eso es más que suficiente. Los buenos resultados son una consecuencia deseable y adicional, pero nunca la justificación de la libertad que tanto reclamamos. Si la opción para progresar es perder la libertad, pues será tiempo de detestar el progreso. Sobran experiencias que han logrado compatibilizar libertad y crecimiento. Más vale que vayamos hurgando por ese menú de modelos. Cuba no tiene nada que celebrar. La palabra festejo no cabe. En todo caso es una fecha para reflexionar, y para emitir duros documentos contra la inmoral dictadura totalitaria de la isla. Para Cuba no existe camino hacia la libertad, la libertad es el camino. (*) Recibido por Corrientes al Día de Alberto Medina Méndez; amedinamendez@gmail.com; (Corrientes, Argentina)

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Cuando el mérito no importa

OPINIÓN (*)

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Dijo en San Juan el presidente Fernández: “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años, porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres”.


Esto es tan falso, tan terriblemente insultante para la inteligencia, que es difícil decidir por dónde empezar a analizarlo.  Sólo diré que Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Windows), Jeff Bezos (Amazon) y Marcos Galperin (Mercado Libre), son algunas de las fortunas más grandes del mundo y de Argentina, y NINGUNO fue hijo de rico.  Este pelotudismo socrático y retrógrado ha sido totalmente superado en los países desarrollados… ¡Y PRECISAMENTE PORQUE LO SUPERARON SON DESARROLLADOS!

 

Luego invocó a Alberdi y Sarmiento, reinterpretándolos con un pensamiento tan retorcido que los vuelve irreconocibles.  Dijo admirarlos porque “vislumbraron la importancia de la educación pública, que nada es más importante que el conocimiento humano” y del sanjuanino aseguró que “en un gesto inigualable de igualdad, resolvió que todos los que estudian en la escuela pública calcen un guardapolvo blanco para que las diferencias sociales allí donde se aprende no aparezcan.  Con todo eso nos dijo que el estado debe estar muy presente en el desarrollo humano y que finalmente lo que más vale es la igualdad, es propender a un sistema más igualitario”.

 

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Pobres Alberdi y Sarmiento.  Si pensamos cuales referentes históricos argentinos estuvieron absolutamente en contra de la intromisión del estado (que debía ser pequeño) en el quehacer cotidiano de los ciudadanos, fueron sin dudas estas dos inmensas figuras de nuestra patria.  Hacer semejantes distorsiones de su pensamiento es una ofensa a sus memorias y, como se hacía en la escuela, debería lavarse la boca con jabón para limpiar sus palabras.

 

Alberdi decía que “la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual” y que “la grandeza del vecino, forma parte elemental e inviolable de la nuestra”, LO OPUESTO al igualitarismo y el desconocimiento del mérito.

 

¿Y qué pensaba Sarmiento?, al que dijo admirar.  El sanjuanino dijo: “las cumbres se alcanzan doblando el empeño” y “toda la historia de los progresos humanos es la simple imitación del genio”; Don Domingo era un ferviente defensor del mérito, concepto que el señor presidente denigra.

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Es increíble que en la actualidad, con lo fácil que es conocer la realidad de otros países, todavía existan personas “educadas” (en realidad son apenas instruidas, la educación implica pensamiento crítico algo que les es ajeno) que sean tan ciegas como para dejarse engañar así.

 

El presidente habla de defender el federalismo y a las provincias del “pulpo” del puerto, cuándo el mayor héroe de esta gente fue Rosas, quien prohibió los puertos del Paraná para que todo el comercio exterior pasara por Buenos Aires, empobreciendo a las otras provincias.  Obsesión rosista por el monopolio del puerto porteño que condujo a la muerte a valerosos patriotas en la Vuelta de Obligado, sacrificio disfrazado con la mentira de la “defensa de soberanía”.

 

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Valga la apostilla: ese fue el mismo Rosas que le quitó los sueldos a los docentes de las escuelas y universidades estatales, hundiendo en la ignorancia a los pobres y yendo en contra de la tan mentada “igualdad de oportunidades” con la que se llenan la boca.

 

¿Habla del federalismo y de trato igualitario para todas las provincias?, cuando el peronismo fue el mayor promotor del crecimiento del conurbano bonaerense y que le otorgó tantos subsidios a la luz, el gas y a los combustibles, que hacía que en Buenos Aires se pagara hasta 5 veces más barato los servicios públicos que en el resto del país.  ¿En serio?  ¿Se puede ser tan caradura?  Y lo peor, ¿se puede ser tan idiota como para creerles?

 

También dijo Fernández: “lo que uno más debería desear como argentino, es que cada argentino tenga la oportunidad de nacer…”, ¿oportunidad de nacer?, ¿de qué oportunidad de nacer habla quien defiende el aborto?, ¿se puede ser más cínico y contradictorio?  “…Y de morirse feliz después de haber vivido bien, en la provincia donde ha nacido”, ¿morirse feliz?, ¿Cómo Solange que murió sin ver a su padre?, ¿o Facundo Astudillo?, ¿o Franco Martínez?, ¿o Franco Isorni?, ¿o Luis Espinoza?, todos desaparecidos y muertos en democracia en este 2020.

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Entiendo (no comparto) que los que “están prendidos” defiendan “el modelo”… ¿pero el resto?, ¿el laburante que deja más de la mitad de su sueldo en impuestos para mantener punteros y para que le den por sus impuestos la porquería de salud, educación, seguridad y justicia que tenemos?, ¿el profesional que como universitario debería ser capaz de ver más allá de las mentiras de los demagogos?  Cómo decía Sarmiento y se aplica a los “educados” que egresan de la universidad: “era el que más sabia… Pero el que menos entendía”.

 

Lo cierto es que a decir del gran sanjuanino: “la ignorancia es atrevida”, pero aún es más atrevida la avaricia, la soberbia y el despotismo de quienes conducen hoy el destino de nuestra patria y que lejos están de seguir el siguiente principio rector del cuyano: “fui criado en un santo horror por la mentira, al punto que el propósito de ser siempre veraz ha entrado a formar el fondo de mi carácter y de ello dan testimonio todos los actos de mi vida”.

 

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Quienes creemos en la Libertad, en la igualdad ante la Ley y no por la Ley, y en el Respeto por la vida y la propiedad del prójimo, no solo tenemos el deber ético y moral, sino también la impostergable necesidad de oponernos y manifestarnos en contra de los atropellos que se están cometiendo contra los argentinos y contra la República.   

 

El momento es YA… antes de que terminen de hundirnos y de someternos, antes de que no quede nada por salvar.

(*)  Rogelio López Guillemain

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Opinión

Reconvertir proyectos e innovar

POR MARIA EUGENIA MANCINI

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La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto profundo en nuestras sociedades. Además de la crisis sanitaria, ha afectado la educación, la vida social y los medios de subsistencia. A una economía difícil, esto lo ha profundizado aún más.


Para nuestros jóvenes muchos de estos impactos será a largo plazo y multidimensionales: Por ejemplo, 191 países han implementado el cierre de escuelas a nivel nacional o local, y 1,5 mil millones de personas no pueden asistir a la escuela ya que no disponen de tecnología básica para acceder a las plataformas educativas.

 

Sin embargo, hay muchos jóvenes liderando esta crisis y no se han quedado de brazos cruzados. Hay una Juventud que está apoyando el diseño y la ejecución de programas sociales pensando en caminos creativos y de respuesta.

 

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También debemos destacar la variedad de emprendimientos que han surgido adaptando propuestas comerciales a estos nuevos tiempos donde se pudo ver la creatividad y el desarrollo de productores locales.

Es fundamental continuar apoyando estos proyectos para que tengan continuidad formulando estrategias competitivas, incentivando y se conviertan en micro empresas sustentables económicamente.

 

Sumar programas de recuperación en base a economías locales y ver como su fuerza creativa comienza a enriquecer a instituciones, proyectos sustentables  y caminos nuevos para salir adelante.

 

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Pienso que un camino de desarrollo  es no solo fortalecer las economías regionales sino volver a los oficios, capacitarnos y tener herramientas prácticas para generar recursos propios.

 

Estamos atravesando un momento de reinvención muy grande y donde más que nunca necesitamos estar unidos, sacar nuestras fortalezas y trabajar juntos como sociedad pensando en lo que queremos construir, diseñando la sociedad futura, poniendo  foco en nuestros recursos y liderar.

 

Es fundamental generar herramientas para crear una sociedad más igualitaria y solidaria y no solo como respuesta a la pandemia sino también pensando a largo plazo y abordando todos  el compromiso de crear un cambio duradero.

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Opinión

La “borocotización” de Alberto

(*) OPINIÓN

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Recuerda una crónica del diario perfil: “Eduardo Lorenzo Borocotó el 23 octubre de 2005 obtuvo una banca. Pero antes de asumir algo cambió. El 9 de noviembre visitó la Casa Rosada, acompañado por su hijo. ¿Con quién tenía cita? Con el actual presidente Alberto Fernández, quien era jefe de gabinete de Néstor Kirchner.  Borocotó se reunió con los dos. A Kirchner no lo conocía. A Fernández, sí.


El mismo día del encuentro en la Rosada, Borocotó anunció su partida del bloque macrista: armó un mono-bloque independiente, afín al kirchnerismo. Alberto Fernández explicó la jugada: "Tenemos que ser amplios. Hay muchos votantes y dirigentes de ARI que están descontentos con Carrió, por ejemplo. Y nosotros estamos abiertos a recibirlos, así como a los radicales, peronistas y a todos los que crean en el proyecto del Presidente".

 

En nuestras democracias actuales, se debería empezar a pensar en que los ciudadanos, en vez de elegir a personas que encarnen proyectos, ideologías, o letras muertas de lo establecido en partidos políticos, votemos directamente, proyectos, propuestas, modelos o formas de hacer las cosas y que la ejecución de las mismas, pase a ser un tema totalmente secundario, esto sí podría denominarse algo que genere una revalidación de lo democrático, pero no estamos en condiciones de hacerlo actualmente, primordialmente porqué el gobierno de ese pueblo, está en manos de uno sólo, a lo sumo, en cogobierno por un legislativo (con flagrantes problemas en relación a la representatividad, que sería todo un capítulo aparte el analizarlo) y supeditado a un judicial, que siempre falla, de fallar en todas sus acepciones, liberar la opción de ese pueblo, para que elija su gobierno, mediante las ideas que se le propongan, sin que sea esto eclipsado por la figura de un líder o lo que fuere, en tanto y en cuanto siga siendo uno, recién podrá ser posible, cuando su vínculo con la vida y la muerte, no tenga que ser anatematizado mediante la creencia o no creencia, que como vimos son las dos caras de una misma moneda, en un ser único y todo poderoso, creador de este mundo y de todos los otros, los posibles como los imposibles.

 

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La violencia del estado que en la actualidad se traduce en su sobre-presencia en ciertos sectores a costa de la ausencia del mismo en vastas áreas y bolsones, la sobreactuación de un supuesto sentir o hacer democrático, en donde sólo se ejerce una dudosa aclamatoria de mayorías (sistemas de preselección de candidatos cerrada, como internas que no se llevan a cabo, que transfieren el sentido de elegir por el de optar, entre quiénes ellos, de acuerdo  a sus reglas disponen que tengamos que optar, es decir elegir condicionados) debería estar tipificado en la normativa, como uno de los delitos más flagrantes contra las instituciones y el pleno ejercicio de la libertad, de tal manera, la ciudadanía no tendría excusas como para no levantarse en puebladas, en manifestaciones que dan cuenta de la total y absoluta anomia, en que la incapacidad de cierto sector de la clase política nos puede volver a conducir en cualquier otro momento u oportunidad. Propuestas es lo que sobra, se precisa de predisposición de estos para hacerles sentir a la ciudadanía que algo determinan, con el pago de sus impuestos y con sus votos. En tiempos electorales, una práctica que debería ser desterrada y que es una muestra expresa del democraticidio, es la compra de votos, sea mediante una dádiva, prebenda, por intermedio de corte de chapas, dinero, mercadería, merca o lo que fuere, como de las mentiras flagrantes e inconsistentes las que ofrecen por doquier. Como también lo es la no sanción de los hechos de corrupción, o la dilación en demasía para resolver los mismos, perpetrados por hombres que hayan pertenecido al funcionariado público.

 

Si somos presa de políticos corruptos seguiremos encarcelados en el imperativo de una sociedad penalizada y penalizante para sancionar delitos y no para reconvertir conductas que no nos lleven a ellas.

 

Hasta aquí sí se quiere, nada nuevo bajo el sol, o desconocido para todos aquellos a quiénes, Alfonsín nos prometió que con “la democracia se educa, se come, se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear…” la nueva modalidad, de estas suertes de “democraticidios” que nos afectan, es que el poder unipersonal del ejecutivo nacional, pasó a un sistema, tal como lo definió un constitucionalista “vicepresidencialista” y por tanto, Alberto, el creador del “borocotismo”, tal como Víctor Frankenstein, pasó a ser víctima de su propia creación, de su mutación práctica de lo representativo.

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En la aceleración, profundización o intensificación del cristinismo, camporismo o kirchnerismo recargado, en el que recayó Alberto, no quedaría otro espacio en la historia para él, que un título de un libro escrito por Miguel Bonasso, acerca de Héctor Cámpora; “El presidente que no fue”.

 

La mayoría que se construyó a tales efectos, con una propagación mayor que la de un virus desconocido y contagioso, se reconstituye con proverbial dinámica y en las próximas elecciones demostrará cuán cerca o lejos puede estar de un poder político, en la actualidad, “borocotizado”.

 

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(*) Por Francisco Tomás González Cabañas.

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