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Opinión

“Los uruguayos somos conservadores anarquistas”

REPORTAJE A EDUARDO GALEANO

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Mucha madera oscura, buena pinotea en el piso y un cartel que dice, en la ventana, 1877. En las paredes colgaron imágenes de Montevideo y afiches de viejas exposiciones. También fotos de algunos personajes. En una de ellas aparece un Eduardo Galeano que se parece mucho al tipo que en este momento entra a El Brasilero, el café de la Ciudad Vieja, y antes de sentarse va al mostrador y pide un cortado. Entonces el Eduardo Galeano real saca su portadocumentos y muestra un carnet chiquito.


–Mirá. Socio número uno. Socio de El Brasilero. –Y mirá atrás. Atrás dice que el socio tendrá derecho a un café gratis por día. –Tengo la base de mi alimentación resuelta para toda la vida. –Sobre todo si tomás cortado. –Y cortado y con azúcar, más todavía. Es 2 de marzo y son las tres de la tarde, primer día hábil de Tabaré Vázquez, que asumió el día anterior como el primer presidente de izquierda de la historia uruguaya, en medio de una alegría que pareció histórica. –¿Alguna vez hubo tantos uruguayos tan contentos? Sacá el 31 de octubre, cuando ganó el Frente Amplio. –Sí, ésa fue una. Tal vez cuando la gente salió a la calle al fin de la dictadura. Yo estaba en el exilio. Si no es eso, no hay nada comparable. Ahora, la noche previa, la del 28 de febrero, y las vísperas, la gente inventó una consigna espontánea, no pactada, que se repitió de Sayago a Malvín. Decían o “Feliz año” o “Feliz año nuevo”, lo que era una locura por el año ya llevaba dos meses. –Y las cañitas. –En Malvín, donde yo vivo, los tamboriles hasta muy tarde, y las banderas flameando, y los cohetes y las bengalas saludando el nacimiento del año. Era el signo de un tiempo que nacía. O de un país que nacía. O nacía de nuevo, después de haber soportado una existencia dudosa. –Sí, no había discusión sobre cuál sería la primera medida o qué funcionamiento tendría el nuevo gobierno. –Claro, esta vez primaba la enorme alegría. Como el tipo ése que comentó en octubre, cuando se ganó la elección y realmente nos pellizcábamos porque no podíamos creerlo: “Yo quiero que esta noche no se acabe nunca”. Una alegría que la gente quería que fuera infinita. Hace tanto tiempo que no tenían ninguna… Este es un país muy castigado, muy apedreado. Los jóvenes que se fueron. Un país vacío de jóvenes. Una hemorragia de población. –Tabaré dijo en su discurso que el 15 por ciento está afuera. –Y debe ser. Casi medio millón. Muchos jóvenes. Por eso Tabaré anunció que enviaría una ley para que pudieran votar afuera. Porque para más los castigaban negándoles el voto. No solo expulsaban a los hijos jóvenes de esta tierra. –Los emigrados son causa de bajo permanente, ¿no? –Seguro. Primero porque irse no es ninguna fiesta. Pero los que se quedan, condenados a extrañar a los que se fueron, tienen una condena jodida. ¿Sabés por qué no podían votar? Decían: “Los uruguayos que se van no saben lo que pasa acá”. Saben más que los que nos quedamos. –Por eso se fueron. –Y obligaban a venir a votar, a pagar el pasaje, conseguir licencia en el trabajo. Facilísimo si vivís en Australia. Y venir y encontrarte con que no estabas en el padrón. Por suerte Tabaré ratificó ese compromiso electoral del Frente. Es bueno que lo que se sabía que iba a ocurrir quede ratificado, y en voz alta. Lo mismo lo de Juan Gelman. Explícitamente dijo que el caso de su nuera no está comprendido en la Ley de Caducidad. Tampoco los asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.Importante que haya dicho que se va excavar, y que si no está lo que se busca hay que averiguar dónde está. Es bueno concretar los compromisos ante la gente. –¿Qué tipo de líder es Tabaré, Eduardo? –Es típico de los nuevos tiempos en América latina. Desde el año “80 tenía militancia en el Partido Socialista, pero no es producto de un partido político. No venía de ahí su prestigio. Venía del barrio. De los comedores populares y de todo lo que hizo en el barrio de La Teja. Y de la resurrección del Club Progreso, fundado por los anarcos y los socialistas a principios de siglo, un 1° de mayo, como el Club Chacarita de la Argentina. Progreso estaba olvidado en las catacumbas. Como presidente del club, Tabaré lo resucitó, lo pasó a primera, le ganó a Peñarol y a Nacional y fue campeón. –Eso es el “89. –Sí. Fue un presentimiento de lo que ocurriría con el país. El de Tabaré es un prestigio ganado en buena ley, de abajo arriba, desde el pie como quería Zitarrosa, y también por su tarea profesional como médico oncólogo, uno de los mejores del Río de la Plata. Los médicos tienen prestigio mágico en América latina. Los héroes de las telenovelas suelen ser médicos. Salvador Allende era médico, socialista y masón. Era parecido. Allende había sido ministro y senador. Tabaré viene del barrio, el fútbol y la medicina. Es un tipo sencillo, afable, honesto. Buen tipo. Muy uruguayo en su manera de ser. –¿O sea? –Suave, lento. Se toma su tiempo. Como el jugador uruguayo que recibe la pelota y piensa qué va a hacer. Tiene imán. Tiene carisma. Un carisma diferente al del Pepe Mujica, el otro hombre con carisma de la izquierda uruguaya. –¿Por qué los Tupamaros son la única guerrilla de Sudamérica que conserva el prestigio de antes, aunque ya no sean guerrilleros? –Junto a los zapatistas de México, que rápidamente se convirtieron en otra cosa, fue la guerrilla menos militarizada en América latina. Hubo algunas desviaciones, algunos errores. Alguna cagadita que otra se mandaron. Por excepción, no por regla. Pero, comparando, fue el movimiento guerrillero que se distinguió por el respeto de la vida humana. Esto preservó una cierta línea de continuidad que les permitió reinsertarse en la democracia con toda naturalidad y con un enorme éxito. –El Movimiento de Participación Popular es la fuerza más representativa dentro del Frente Amplio. –No es moco de pavo, ¿no? –Cuando uno habla con dirigentes como Mujica o como Eleuterio Fernández Huidobro no los ve nostálgicos en política. –No, y tampoco al revés. No tienen el razonamiento de los arrepentidos, de hablar solo de un período negro. No descubrieron la democracia como quien descubre a Jesús, como los iluminados. Lo ven como una continuidad de lucha, de afirmación de los principios que los movieron. En otra circunstancia histórica, donde los cauces democráticos estaban cerrados o muy ensuciados. También había una cierta visión idealizada de la lucha armada a partir de la experiencia cubana, que tuvo una enorme proyección, y también del mensaje de la vida del Che. –Tupamaros es de principios de los años “60. –Y estuvieron también muy signados por la actividad de Raúl Sendic en el interior, en la fundación de sindicatos en el norte del país. Lo llamaban “El justiciero”. El régimen ya estaba muy agotado y empezó con las respuestas violentas. Después vinieron los años de la dictadura militar, años de mugre y miedo. Este país fue muy lastimado. Se convirtió en el país con mayor cantidad de torturados por habitante en el mundo. Y bueno, después vino el período tambaleante de una democracia que empezaba a caminar con dificultad y que yo creo que ha encontrado en la izquierda una fuente de energía tremenda. Sobre todo a los ojos de los jóvenes, de los pocos que quedaban y de los que estaban escondidos abajo de las piedras y ahora aparecen en las calles. Esto es un milagro bíblico. Súbitamente el país tiene los jóvenes que le faltaban. Y creen, recuperan la confianza. –¿Qué produjo ese nivel de credibilidad del Frente Amplio? –La expectativa del cambio. Y cuidado con eso. Algunos compañeros, algunos amigos, hablan tanto de las virtudes de la continuidad que pierden de vista lo más importante, que es la necesidad de marcar la diferencia. –Te votaron para eso. –Si no para qué. ¿La democracia es para elegir entre lo mismo y lo mismo? No. Y no hablo de cambios inmediatos. El Frente no vendió carne podrida. Dio esperanzas legítimas, ciertas, transparentes, comunicadas con mucha honestidad. Nunca se dijo que en una semana esto sería el paraíso terrenal. Jamás. Decían: “Viene un tiempo de sacrificio, de espera, será muy complicado”. Lo importante es que no se pierda el rumbo de cambio. Es lo decisivo. Sin rumbo los muchachos tendrán derecho a preguntarse si la democracia es un circo donde los políticos hacen piruetas. –Hablabas de Tabaré surgido del barrio. ¿Por qué el barrio como fuerza de organización social en Uruguay no se rompió? –Se lastimó. En las últimas décadas, y no sólo por la dictadura militar sino por el proceso avasallante e implacable de esto que llaman globalización, los vínculos sociales han sido muy lastimados o rotos. Un modelo de vida te obliga a devorar al prójimo para sobrevivir. En el Uruguay mal que bien esos vínculos se han podido salvar probablemente gracias a la condición prehistórica de este país. Estamos charlando en una ciudad donde todavía se puede respirar y caminar, que son dos lujos inimaginables en el mundo moderno. Y acordate de las dimensiones chiquitas de un país que todavía conserva espacios entrañables, esos reductos últimos de la solidaridad que son los vecindarios, en gran parte también porque pudieron sobrevivir y hasta florecer en medio de la crisis, y en cierta medida incluso por ella, unas cuantas cooperativas que fueron naciendo a medida que la gente necesitó encontrar la manera de defenderse juntándose. Cooperativas de vivienda, gente que construyó sus propias casas, artesanos que se juntaron frente a la tragedia del desmantelamiento de toda la estructura productiva de este país. Al principio manu militari, pero después, a comienzos de la democracia, cuando blancos y colorados empiezan a ponerse de acuerdo en convertir al país en un banco con vista al mar y cuatro vaquitas atrás. –Salió mal. –Se llevaron mil millones de dólares. Y el Estado, sordo y ciego, no vio ni escuchó nada. Era ya el Estado ausente. El Banco Central no existía. No había ningún control de nada. Antes de irse, el gobierno de Jorge Batlle reconoció que los Rohm operaban a través de una empresa que no tenía existencia legal. –Ni siquiera estaba inscripta en la DGI uruguaya. –No, y lo contaban como quien dice que llueve. Hay que tener fe en el capital financiero como fuente de algo que no sea corrupción y negocios cochinos, delincuencia… El viejo Bertolt Brecht lo decía, y es verdad: “Es un crimen asaltar un banco, pero más crimen es fundarlo”. El Frente nunca entró en ese juego de ilusiones, en ese espectáculo de las sombras chinas en la pared. Siempre apeló al país productivo. Es lo que se va a intentar ahora. Energía hay. Y talento humano también, porque viste que el Uruguay tiene buen nivel de formación como para intentar algunas aventuras creadoras. Pero este país se vació de jóvenes y está estrangulado por la deuda. Y además, gravemente enfermo de desesperanza. La gran novedad es que la esperanza volvió. Igual siempre les recuerdo a los compañeros que los malos poetas del realismo socialista nos decían que la esperanza es de acero. De acero no es. De cristalito, nomás. Cuidado que no se nos rompa en las manos, porque después cuesta generaciones recuperar esto que suena tan bien. Hay otra luz en la cara de la gente en este país sometido a largos años de tristeza obligatoria. Era, hasta hace poco, un país apagado. Yo siento que se iluminó, que se encendieron luces por todos lados. Esas luces están en la cara de la gente. –Fue impactante ver el fenómeno de una bandera por persona. No había una bandera de cabeza y la gente atrás. –Y otra cosa que me llamó la atención bien, un dato que hace a la cordialidad nacional, porque éste es un pueblo cordial, es que no hubo ni un solo episodio de violencia ni en el festejo de la victoria ni en este festejo de la vida nueva. Salvo cosas normales, como la gente que silbó al escuchar cuando Batlle decía que le entregaba a Tabaré un país en crecimiento. A los números les está yendo muy bien, pero la gente no se ha enterado. El derecho de la gente a ser ella misma es la soberanía de verdad. Eso está en contradicción con la tradición jodida, herencia de la estructura colonial, que es la tradición de la impotencia, de la realidad intocable, de hasta aquí llegamos. Es lo que nos dejaron de regalo los frailes fatalistas y los doctores papanatas. Podés mirar de lejos la realidad. Podés aplaudirla o podés abuchearla. Pero tocarla no. Cambiarla, menos. –¿En qué pesa que el gabinete esté formado por ministros que ya eran adultos en la década del “60? –Son viejos. El Uruguay es un país de viejos. –Revolución cubana y sexo libre. –Los hippies al poder, decís. Los compañeros que son ministros mantuvieron viva una energía juvenil que es de agradecer, ¿no? Y una cierta capacidad de creer a pesar de todo. Y son gente muy castigada. Mujica dijo con razón en el Congreso: “Yo tengo muchas mataduras en el lomo”. Un amigo argentino Envar el Kadri, Cachito, muy cerca del Uruguay y muy hermanado conmigo, que murió temprano, me escribió una carta muy linda cuando las dictaduras empezaron a desmoronarse. Me decía: “No pudieron convertirnos en ellos”. Siempre lo tengo muy presente. Veo a los compañeros del gabinete con esa capacidad linda de entrega, de solidaridad, que te hace no terminar en vos mismo y en tus pequeñeces. Eso es lindo. Es una buena herencia de aquella generación que habrá metido la pata mil veces pero que vivió un tiempo de locura. Un tiempo en el que nadie discutía que la pobreza era el resultado de la injusticia. Ni los tipos de derecha lo discutían. Ahora, para muchos fuera de la izquierda, la pobreza es el castigo que la ineficiencia merece. Hay que reconstruir los conceptos de justicia e injusticia. El mundo de hoy es mucho más injusto que aquel mundo. –Eduardo, hubo mucho candombe, mucha murga en los festejos. –Algunas cosas se mantuvieron. Yo tomo con pinzas la identidad. Es una cosa dudosa que meten en el museo y sirve para que publiquen libros sobre el ser argentino y el ser uruguayo. Me muero de aburrimiento. Otras cosas se fueron perdiendo. Cuando yo era chico había tablados. Se ponían unos barriles y encima las tablas. Venían las murgas y cantaban. Los tablados tenían muñecos gigantes, divertidos, hechos por los mejores artistas del país, que vivían en el mismo barrio, no en una nube. La murga cantaba a cambio de los pocos pesos que la gente le daba en el sombrero. Era un sueño incesante el de aquellos tipos que venían con las caras pintadas, hablaban de los problemas de cada día de la gente y les tomaban el pelo a los políticos. El tablado era el escenario de la fiesta de la vida. Bajo el tablado ocurrían los primeros besos, alrededor del tablado se bailaba. No había ninguna frontera separando a los espectadores de los protagonistas. Es la herencia de la tradición murguera de Cádiz, que de ahí vinieron las murgas uruguayas, como instrumento popular de venganzapara tomarle el pelo al poder. Lo que define a un producto cultural como la murga, o como el fainá, que vino de Génova, no es el origen sino el uso, cómo se inserta y desarrolla en cualquier lugar de la tierra. En mi infancia bailaban en la calle hasta los paralíticos. Pero hoy el carnaval sigue un acontecimiento largo, como un sello. Hoy, como entonces, los temas son política y vida cotidiana. Cantos sobre el aumento del precio del boleto, sobre un escándalo con algún diputado… El carnaval es la revancha del mendigo frente al rey. –La murga es frenteamplista. –Sí, las murgas son todas de izquierda. –¿Y ahora qué hará? –Tendrá que criticar a la izquierda, que me parece muy sano. La solidaridad se ejerce desde la libertad de conciencia. Mis relaciones con Cuba son excelentes, pero tengo una posición muy crítica respecto de las cosas de Cuba que no me gustan, y las digo. El Frente Amplio es un frente de verdad, no es una suma de sellos, y las contradicciones bienvenidas sean. Algunos amigos se espantan. “Somos una olla de grillos.” Digo que no, que somos un organismo vivo y contradictorio. La discrepancia es la prueba de que esto es de verdad, no algo fabricado. Las dictaduras son más eficientes que las democracias. Si el Frente fuera ortopédico, sería más eficiente. Una organización monárquica donde el rey transmite la orden. Uruguay es un pueblo respondón. No le vas a decir que se calle y obedezca. Somos conservadores anarquistas. Nos cuesta cambiar pero no nos gusta que nos manden. Por eso el Frente fue creciendo conciencia a conciencia, casa por casa, despacito y por las piedras. –Tabaré está de suerte. Tuvo el regalo del Oscar para Jorge Drexler. –Acá toda la izquierda ve la ceremonia de los Oscar a escondidas. “Anoche me acosté tarde porque me dolía la cabeza.” En el fondo nadie creía que Drexler iba a ganar. Y ganó. Acá está la cultura de Hollywood, igual que la cultura de consumo. Solo que como somos pobres se nota menos. Cuando me estaba yendo de la Argentina empecé a escribir Días y noches de amor y de guerra. Lo terminé en España. Tiene como un umbral, esas frasecitas que ponés al principio, de Marx: “En la historia, como en la naturaleza, la podredumbre es la fuente de la vida”. A mí siempre me pareció una definición perfecta de lo que es la dialéctica. Bueno, el libro se publica en español y cuando empiezan las versiones en otras lenguas el traductor alemán, con germánico sentido de la responsabilidad de su oficio, me dice: “Estoy buscando la frase y no la encuentro. ¿De dónde la sacaste?”. Le dije que la buscaría. Yo de verdad que leí a Marx. Incluso El Capital, con un profesor argentino. Me puse a hurgar y nada. Al final me di cuenta de que estaba dedicando mi vida a buscar esa frase. Le dije al alemán: “Me vas a perdonar. No sé de dónde viene. Si querés ponela y si no sacala”. Y el alemán me dijo que la dejaría porque la frase era muy buena. Y ahí llegué a la conclusión de que la frase era de Marx pero se había olvidado de escribirla. Era mi resumen de lo que yo mismo había leído. Y eso es lo más importante que uno puede recibir como herencia: la certeza de que la contradicción es la fuente de la esperanza, porque de todo lo peor viene lo mejor. (Página /12)

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Opinión

Cuando el mérito no importa

OPINIÓN (*)

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Dijo en San Juan el presidente Fernández: “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años, porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres”.


Esto es tan falso, tan terriblemente insultante para la inteligencia, que es difícil decidir por dónde empezar a analizarlo.  Sólo diré que Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Windows), Jeff Bezos (Amazon) y Marcos Galperin (Mercado Libre), son algunas de las fortunas más grandes del mundo y de Argentina, y NINGUNO fue hijo de rico.  Este pelotudismo socrático y retrógrado ha sido totalmente superado en los países desarrollados… ¡Y PRECISAMENTE PORQUE LO SUPERARON SON DESARROLLADOS!

 

Luego invocó a Alberdi y Sarmiento, reinterpretándolos con un pensamiento tan retorcido que los vuelve irreconocibles.  Dijo admirarlos porque “vislumbraron la importancia de la educación pública, que nada es más importante que el conocimiento humano” y del sanjuanino aseguró que “en un gesto inigualable de igualdad, resolvió que todos los que estudian en la escuela pública calcen un guardapolvo blanco para que las diferencias sociales allí donde se aprende no aparezcan.  Con todo eso nos dijo que el estado debe estar muy presente en el desarrollo humano y que finalmente lo que más vale es la igualdad, es propender a un sistema más igualitario”.

 

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Pobres Alberdi y Sarmiento.  Si pensamos cuales referentes históricos argentinos estuvieron absolutamente en contra de la intromisión del estado (que debía ser pequeño) en el quehacer cotidiano de los ciudadanos, fueron sin dudas estas dos inmensas figuras de nuestra patria.  Hacer semejantes distorsiones de su pensamiento es una ofensa a sus memorias y, como se hacía en la escuela, debería lavarse la boca con jabón para limpiar sus palabras.

 

Alberdi decía que “la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual” y que “la grandeza del vecino, forma parte elemental e inviolable de la nuestra”, LO OPUESTO al igualitarismo y el desconocimiento del mérito.

 

¿Y qué pensaba Sarmiento?, al que dijo admirar.  El sanjuanino dijo: “las cumbres se alcanzan doblando el empeño” y “toda la historia de los progresos humanos es la simple imitación del genio”; Don Domingo era un ferviente defensor del mérito, concepto que el señor presidente denigra.

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Es increíble que en la actualidad, con lo fácil que es conocer la realidad de otros países, todavía existan personas “educadas” (en realidad son apenas instruidas, la educación implica pensamiento crítico algo que les es ajeno) que sean tan ciegas como para dejarse engañar así.

 

El presidente habla de defender el federalismo y a las provincias del “pulpo” del puerto, cuándo el mayor héroe de esta gente fue Rosas, quien prohibió los puertos del Paraná para que todo el comercio exterior pasara por Buenos Aires, empobreciendo a las otras provincias.  Obsesión rosista por el monopolio del puerto porteño que condujo a la muerte a valerosos patriotas en la Vuelta de Obligado, sacrificio disfrazado con la mentira de la “defensa de soberanía”.

 

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Valga la apostilla: ese fue el mismo Rosas que le quitó los sueldos a los docentes de las escuelas y universidades estatales, hundiendo en la ignorancia a los pobres y yendo en contra de la tan mentada “igualdad de oportunidades” con la que se llenan la boca.

 

¿Habla del federalismo y de trato igualitario para todas las provincias?, cuando el peronismo fue el mayor promotor del crecimiento del conurbano bonaerense y que le otorgó tantos subsidios a la luz, el gas y a los combustibles, que hacía que en Buenos Aires se pagara hasta 5 veces más barato los servicios públicos que en el resto del país.  ¿En serio?  ¿Se puede ser tan caradura?  Y lo peor, ¿se puede ser tan idiota como para creerles?

 

También dijo Fernández: “lo que uno más debería desear como argentino, es que cada argentino tenga la oportunidad de nacer…”, ¿oportunidad de nacer?, ¿de qué oportunidad de nacer habla quien defiende el aborto?, ¿se puede ser más cínico y contradictorio?  “…Y de morirse feliz después de haber vivido bien, en la provincia donde ha nacido”, ¿morirse feliz?, ¿Cómo Solange que murió sin ver a su padre?, ¿o Facundo Astudillo?, ¿o Franco Martínez?, ¿o Franco Isorni?, ¿o Luis Espinoza?, todos desaparecidos y muertos en democracia en este 2020.

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Entiendo (no comparto) que los que “están prendidos” defiendan “el modelo”… ¿pero el resto?, ¿el laburante que deja más de la mitad de su sueldo en impuestos para mantener punteros y para que le den por sus impuestos la porquería de salud, educación, seguridad y justicia que tenemos?, ¿el profesional que como universitario debería ser capaz de ver más allá de las mentiras de los demagogos?  Cómo decía Sarmiento y se aplica a los “educados” que egresan de la universidad: “era el que más sabia… Pero el que menos entendía”.

 

Lo cierto es que a decir del gran sanjuanino: “la ignorancia es atrevida”, pero aún es más atrevida la avaricia, la soberbia y el despotismo de quienes conducen hoy el destino de nuestra patria y que lejos están de seguir el siguiente principio rector del cuyano: “fui criado en un santo horror por la mentira, al punto que el propósito de ser siempre veraz ha entrado a formar el fondo de mi carácter y de ello dan testimonio todos los actos de mi vida”.

 

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Quienes creemos en la Libertad, en la igualdad ante la Ley y no por la Ley, y en el Respeto por la vida y la propiedad del prójimo, no solo tenemos el deber ético y moral, sino también la impostergable necesidad de oponernos y manifestarnos en contra de los atropellos que se están cometiendo contra los argentinos y contra la República.   

 

El momento es YA… antes de que terminen de hundirnos y de someternos, antes de que no quede nada por salvar.

(*)  Rogelio López Guillemain

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Opinión

Reconvertir proyectos e innovar

POR MARIA EUGENIA MANCINI

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La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto profundo en nuestras sociedades. Además de la crisis sanitaria, ha afectado la educación, la vida social y los medios de subsistencia. A una economía difícil, esto lo ha profundizado aún más.


Para nuestros jóvenes muchos de estos impactos será a largo plazo y multidimensionales: Por ejemplo, 191 países han implementado el cierre de escuelas a nivel nacional o local, y 1,5 mil millones de personas no pueden asistir a la escuela ya que no disponen de tecnología básica para acceder a las plataformas educativas.

 

Sin embargo, hay muchos jóvenes liderando esta crisis y no se han quedado de brazos cruzados. Hay una Juventud que está apoyando el diseño y la ejecución de programas sociales pensando en caminos creativos y de respuesta.

 

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También debemos destacar la variedad de emprendimientos que han surgido adaptando propuestas comerciales a estos nuevos tiempos donde se pudo ver la creatividad y el desarrollo de productores locales.

Es fundamental continuar apoyando estos proyectos para que tengan continuidad formulando estrategias competitivas, incentivando y se conviertan en micro empresas sustentables económicamente.

 

Sumar programas de recuperación en base a economías locales y ver como su fuerza creativa comienza a enriquecer a instituciones, proyectos sustentables  y caminos nuevos para salir adelante.

 

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Pienso que un camino de desarrollo  es no solo fortalecer las economías regionales sino volver a los oficios, capacitarnos y tener herramientas prácticas para generar recursos propios.

 

Estamos atravesando un momento de reinvención muy grande y donde más que nunca necesitamos estar unidos, sacar nuestras fortalezas y trabajar juntos como sociedad pensando en lo que queremos construir, diseñando la sociedad futura, poniendo  foco en nuestros recursos y liderar.

 

Es fundamental generar herramientas para crear una sociedad más igualitaria y solidaria y no solo como respuesta a la pandemia sino también pensando a largo plazo y abordando todos  el compromiso de crear un cambio duradero.

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Opinión

La “borocotización” de Alberto

(*) OPINIÓN

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Recuerda una crónica del diario perfil: “Eduardo Lorenzo Borocotó el 23 octubre de 2005 obtuvo una banca. Pero antes de asumir algo cambió. El 9 de noviembre visitó la Casa Rosada, acompañado por su hijo. ¿Con quién tenía cita? Con el actual presidente Alberto Fernández, quien era jefe de gabinete de Néstor Kirchner.  Borocotó se reunió con los dos. A Kirchner no lo conocía. A Fernández, sí.


El mismo día del encuentro en la Rosada, Borocotó anunció su partida del bloque macrista: armó un mono-bloque independiente, afín al kirchnerismo. Alberto Fernández explicó la jugada: "Tenemos que ser amplios. Hay muchos votantes y dirigentes de ARI que están descontentos con Carrió, por ejemplo. Y nosotros estamos abiertos a recibirlos, así como a los radicales, peronistas y a todos los que crean en el proyecto del Presidente".

 

En nuestras democracias actuales, se debería empezar a pensar en que los ciudadanos, en vez de elegir a personas que encarnen proyectos, ideologías, o letras muertas de lo establecido en partidos políticos, votemos directamente, proyectos, propuestas, modelos o formas de hacer las cosas y que la ejecución de las mismas, pase a ser un tema totalmente secundario, esto sí podría denominarse algo que genere una revalidación de lo democrático, pero no estamos en condiciones de hacerlo actualmente, primordialmente porqué el gobierno de ese pueblo, está en manos de uno sólo, a lo sumo, en cogobierno por un legislativo (con flagrantes problemas en relación a la representatividad, que sería todo un capítulo aparte el analizarlo) y supeditado a un judicial, que siempre falla, de fallar en todas sus acepciones, liberar la opción de ese pueblo, para que elija su gobierno, mediante las ideas que se le propongan, sin que sea esto eclipsado por la figura de un líder o lo que fuere, en tanto y en cuanto siga siendo uno, recién podrá ser posible, cuando su vínculo con la vida y la muerte, no tenga que ser anatematizado mediante la creencia o no creencia, que como vimos son las dos caras de una misma moneda, en un ser único y todo poderoso, creador de este mundo y de todos los otros, los posibles como los imposibles.

 

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La violencia del estado que en la actualidad se traduce en su sobre-presencia en ciertos sectores a costa de la ausencia del mismo en vastas áreas y bolsones, la sobreactuación de un supuesto sentir o hacer democrático, en donde sólo se ejerce una dudosa aclamatoria de mayorías (sistemas de preselección de candidatos cerrada, como internas que no se llevan a cabo, que transfieren el sentido de elegir por el de optar, entre quiénes ellos, de acuerdo  a sus reglas disponen que tengamos que optar, es decir elegir condicionados) debería estar tipificado en la normativa, como uno de los delitos más flagrantes contra las instituciones y el pleno ejercicio de la libertad, de tal manera, la ciudadanía no tendría excusas como para no levantarse en puebladas, en manifestaciones que dan cuenta de la total y absoluta anomia, en que la incapacidad de cierto sector de la clase política nos puede volver a conducir en cualquier otro momento u oportunidad. Propuestas es lo que sobra, se precisa de predisposición de estos para hacerles sentir a la ciudadanía que algo determinan, con el pago de sus impuestos y con sus votos. En tiempos electorales, una práctica que debería ser desterrada y que es una muestra expresa del democraticidio, es la compra de votos, sea mediante una dádiva, prebenda, por intermedio de corte de chapas, dinero, mercadería, merca o lo que fuere, como de las mentiras flagrantes e inconsistentes las que ofrecen por doquier. Como también lo es la no sanción de los hechos de corrupción, o la dilación en demasía para resolver los mismos, perpetrados por hombres que hayan pertenecido al funcionariado público.

 

Si somos presa de políticos corruptos seguiremos encarcelados en el imperativo de una sociedad penalizada y penalizante para sancionar delitos y no para reconvertir conductas que no nos lleven a ellas.

 

Hasta aquí sí se quiere, nada nuevo bajo el sol, o desconocido para todos aquellos a quiénes, Alfonsín nos prometió que con “la democracia se educa, se come, se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear…” la nueva modalidad, de estas suertes de “democraticidios” que nos afectan, es que el poder unipersonal del ejecutivo nacional, pasó a un sistema, tal como lo definió un constitucionalista “vicepresidencialista” y por tanto, Alberto, el creador del “borocotismo”, tal como Víctor Frankenstein, pasó a ser víctima de su propia creación, de su mutación práctica de lo representativo.

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En la aceleración, profundización o intensificación del cristinismo, camporismo o kirchnerismo recargado, en el que recayó Alberto, no quedaría otro espacio en la historia para él, que un título de un libro escrito por Miguel Bonasso, acerca de Héctor Cámpora; “El presidente que no fue”.

 

La mayoría que se construyó a tales efectos, con una propagación mayor que la de un virus desconocido y contagioso, se reconstituye con proverbial dinámica y en las próximas elecciones demostrará cuán cerca o lejos puede estar de un poder político, en la actualidad, “borocotizado”.

 

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(*) Por Francisco Tomás González Cabañas.

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