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Un brutal crecimiento demográfico inducido

LA REVOLUCIÓN PENDIENTE (*)

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Ante los recientes episodios referidos a los damnificados y a la escasez de vivienda, de los tantos problemas de nuestra afligida capital, me he preguntado cuál es el enorme pecado que habremos cometido los caraqueños para sufrir este gigantesco karma. De una ciudad hermosa y ordenada que me traen las imágenes de mi infancia y mi juventud, a la de hoy, con una calidad de vida en franco deterioro, media un abismo gigantesco.


De aquella ciudad queda poco. La mayoría atribuye estos cambios degenerativos a un mal entendido “progreso”. Claro que hay que pagar un precio al convertirse una ciudad en cosmopolita. Pero en el caso de Caracas ese precio ha excedido los límites de lo racional. INTERESES POLÍTICOS EMPUJAN EL CRECIMIENTO La principal causa de ese brutal deterioro ha sido el crecimiento explosivo de la población, que ha pasado de pocos centenares de miles de habitantes en los años 40, a más de seis millones en la actualidad en la Gran Caracas. Crecimiento que no ha sido fortuito, sino consecuencia directa de la acción interesada de poderosos sectores políticos y económicos. Primero, fueron los centenares de miles de inmigrantes españoles, portugueses e italianos, la mayoría agricultores, que trajo el gobierno de Pérez Jiménez. Luego, en la década de los 60 hubo un traslado masivo de militantes de AD del interior del país, organizado por los gobiernos adecos, que necesitaban controlar políticamente una capital esquiva, como lo revelaron los resultados de las elecciones de 1958, en los cuales AD obtuvo en la ciudad sólo 65.531 votos (15,17%), mientras URD sacaba 195.413 votos (46,67%) y el PCV 71.425 votos (17.06%) (cifras tomadas del libro “Introducción a la Sociología electoral venezolana” de Boris Bunimov Parra, Editorial Arte, Caracas 1968) Esta migración política, que estaba formada en su casi totalidad por militantes de muy escasa preparación cultural y académica, constituyó una gran desgracia para Caracas, ya que, al ser absorbidos en su mayoría por los organismos e instituciones públicas, las deterioraron a tal punto que, áreas como la salud y la educación, caracterizadas por ser de una excelencia ejemplar, y al respecto hay que recordar las magníficas evocaciones de José Ignacio Cabrujas, se convirtieron en verdaderas zonas de desastre. Fui testigo de ese criminal deterioro, viendo, por ejemplo, como colocaron de Director de mi liceo, a principios de los años 60, a un oscuro personaje que dudo que haya aprobado ni siquiera el bachillerato, o como el IVSS, que funcionaba en forma excelente, prestando hasta servicios médicos de emergencia a domicilios, como cuando mi esposa quedó embarazada de mi primera hija, por mencionar sólo dos casos ilustrativos. Posteriormente, otra forma de estimular el aumento poblacional, fue mediante el expediente de construir gigantescas urbanizaciones con la excusa de resolver el problema de los barrios marginales. Por supuesto que ese argumento era pura hipocresía, ya que los espacio libres que dejaban los habitantes de las nuevas viviendas eran llenados por miles de recién llegados a la capital en busca de una mejor vida y cuyos votos eran realmente el objetivo, y para ello les lubricaban sus ocupaciones e invasiones. Y eso será lo que fatalmente sucederá de prosperar la idea del Alcalde López de construir centenares de miles de viviendas en los terrenos de La Carlota. En el área metropolitana viven cerca de 4 millones de habitantes, y en las ciudades dormitorios más de 2 millones. Los espacios libres que permitan dejar las nuevas viviendas, serán prontamente ocupado por los actuales habitantes de la periferia que, para evitar los sacrificios de vivir en las afueras, agotarán esfuerzos para vivir en la propia Caracas. Por eso es que, por ahora, mientras más “soluciones habitacionales” se construyan en Caracas, vendrán más habitantes mudados de las ciudades dormitorios y mayor será la polución, el tráfico, el deterioro de los servicios, es decir, peor será nuestra calidad de vida. CAPITULO 2 – LA REALIDAD CAMBIÓ EL IMPACTO NEGATIVO DE ESE CRECIMIENTO Pero ese crecimiento poblacional no se limitaba a satisfacer intereses políticos. Concatenado con ellos estaba el de los grandes capitales, que vieron como un magnífico negocio tener grandes concentraciones de población, demandantes de bienes y servicios, que les posibilitaba reducir drásticamente sus costos marginales y elevar sus beneficios. En efecto, esos gigantes mercados cautivos permiten a un medio de comunicación social o a una empresa de telefonía, por ejemplo, poder llegar con una relativamente reducida inversión en infraestructura, a millones de usuarios, o a una empresa productora de harina de maíz, de refrescos, de cerveza o de cualquier otro producto de consumo masivo, alcanzar una enorme cantidad de consumidores con una menor flota de vehículos y pocos viajes. También esas masivas concentraciones urbanas han modificado sustancialmente el sector comercio. Un ejemplo de ello lo podemos apreciar en el reportaje publicado en el diario El Universal, en fecha 10-06-02, en su página 2-1, referida al debilitamiento del comercio minorista nacional, en el cual se muestra como se ha ido modificando el universo de establecimientos comerciales en Venezuela en los últimos años, indicándose que el número de abastos, o unidades pequeñas de venta al detal de alimentos, pasó de 55.996 en el año 1990 a 38.927 en el 2002, lo que representa una disminución del 30 %; en tanto que los hipermercados pasaron de 0 en 1990 a 25 en el año 2002. A lo anterior hay que agregarle el hecho de que ese crecimiento poblacional ha sido exponenciado en los últimos casi 20 años, gracias a las políticas económicas neoliberales vigentes, que, con la excusa de atraer inversiones extranjeras, buscan ofrecerles a las grandes transnacionales de productos de consumo masivo, enormes mercados cautivos. Esa racionalización de la inversión en busca de la optimización de la ganancia, ha constituido un factor altamente negativo para la sociedad venezolana al reducir fuertemente la utilización de la mano de obra, ya que al tener menos establecimientos, menos vehículos de carga, y en general, tener cadenas de comercialización más directas, se requiere una menor utilización de la fuerza de trabajo, cuestión que es criminal y potencialmente peligroso desde el punto de vista social, en un país cuya población y su fuerza de trabajo crecen en cifras cercanas a 500.000 personas por año. LA VERDADERA ESTRUCTURA DE PODER Los sectores políticos y económicos que lubricaron ese brutal crecimiento de la población y que lo han usufructuado groseramente, conformaron una alianza que pasó a dominar una parte sustancial de la actividad económica del país y a dominar el poder político, cuyo control formal perdieron en 1998, pero que aún ejercen, aunque sea parcialmente. En esa alianza se encuentran poderosos sectores económicos, como los productores de productos alimenticios manufacturados, los grandes medios de comunicación, las empresas de telecomunicaciones, financieras, de servicio, las grandes agencias publicitarias, etc., en combinación con las grandes transnacionales agrupadas en Fedecámaras, y que tienen como base social a miles de agentes, empleados, distribuidores, contratistas, franquiciados, empresas técnicas y similares. En la búsqueda de reconquistar el poder político formal, esa alianza ha sido el alma de todo el movimiento opositor al actual gobierno, y como es lógico, su principal apoyo social se encuentra en los grandes centros urbanos que controlan económicamente. Por ejemplo, un análisis somero del resultado del referéndum revocatorio presidencial del 2004 muestra como esa alianza del gran capital con los partidos políticos tradicionales obtuvo un 56, 8 % de apoyo en las principales ciudades que controlan económicamente, (Valencia, Maracaibo, el este de Caracas, Puerto La Cruz-Barcelona y San Cristóbal) en tanto que el gobierno obtuvo allí sólo el 43,8 % y es lo que explica el surgimiento de partidos regionales (UNT, PV, etc.) que defienden los monopólicos nichos económicos alcanzados por los sectores económicos locales en las principales ciudades. Esa estructura económico-política está en abierta contradicción con los intereses y las necesidades de la nación venezolana. Mientras no se sustituya por una estructura económica productiva, democrática y desconcentrada, no se podrá alcanzar el desarrollo. CAPITULO 3 –BUSCAR SOLUCIONES PROPUESTAS ALARMANTES Al analizar estas realidades, se comprende la propuesta del Alcalde de Chacao, Leopoldo López, de construir centenares de miles de apartamentos en los terrenos de La Carlota. Responde así a los intereses de la alianza política-económica a la cual pertenece, de aumentar las concentraciones urbanas. Propuesta de una irresponsabilidad espantosa, que no obedece a ninguna planificación urbanística, y que conserva la tradición de criminal improvisación que sus socios políticos han sostenido por más de 40 años, y que han tenido siempre una visión egoísta y localista, en la cual Venezuela no tiene cabida como país. Pero lo que sí es alarmante es que el propio Alcalde Barreto, miembro de la dirección nacional del partido de gobierno, haga propuestas similares. Y es alarmante porque hace presumir una ignorancia “supina” dentro de esa dirección sobre la verdadera estructura socio-económica del país, de los problemas que genera, y peor aún, sobre las posibles soluciones. Presunción que se confirma cuando se observa que a través de estos siete años de gobierno, esa estructura económica, centralista y antinacional, no sólo no ha desaparecido, sino que ha consolidado su poder económico. Ese desconocimiento de nuestras realidades ha permitido que orates como Hans Dieterich, o algunos lunáticos del equipo económico, hagan propuestas totalmente desfasadas, como la del aumento del gasto público, que han terminado convirtiéndose en piedras en el camino hacia el desarrollo. HAY QUE PONERSE LOS PANTALONES LARGOS El gobierno está en deuda con la revolución necesaria, y es urgentísimo que redireccione adecuadamente aquellos aspectos equivocados de su política económica. Por lo pronto, es necesario tener un plan de reordenamiento poblacional, que cuente con el concurso de destacados profesionales de la planificación y de las ciencias sociales, que busque desconcentrar racionalmente las grandes urbes, mediante el estímulo al desarrollo económico y social de las áreas menos pobladas del país. Y esto es necesario porque Venezuela no puede seguir siendo manejada como una gran hacienda, improvisada y empíricamente, como lo ha sido en forma ininterrumpida desde los tiempos del General Gómez. Debe ser vista como la nación que ya es, con cerca de 27 millones de habitantes, que derrotó al analfabetismo, y que cuenta con más de un millón de profesionales y técnicos universitarios, por mencionar sólo algunos aspectos puntuales. Pero una política de redistribución poblacional no es tarea fácil. A los escollos naturales que se presentan en el campo económico, hay que recordar que una de las cosas a las cuales se resiste más el ser humano es a mudarse del área en donde vive, en la cual tiene sus amigos y vecinos de muchos años, a sus compañeros de estudios o de simple parranda. Sin embargo, existe la ventaja de disponerse de una base con la cual se puede operar, integrada por los invasores de propiedades y por los inmigrantes recientes del interior y del exterior, que su misma conducta muestra su disposición a construir una nueva vida. En la búsqueda de esta solución, es recomendable estudiar las experiencias de los países más industrializados, en los cuales se observa que, si bien poseen importantes núcleos urbanos, la mayoría de sus pobladores viven diseminados en pequeñas y medianas localidades, lo impone la existencia una vastísima red de comercios y servicios locales. Véase el caso de Alemania, que con una población de 88 millones de habitantes, apenas posee una ciudad con más de 6 millones de habitantes, su capital Berlín, y unas cuantas, como Colonia o Hamburgo, que apenas alcanzan pocos millones, en tanto que la inmensa mayoría de su población, (más del 80 por ciento) vive en ciudades pequeñas o poblados. Es que esa ha sido la única forma que dichas naciones han encontrado de impedir que la perversa racionalización capitalista aniquile el desarrollo conquistado. (*) Para Corrientes al Día, por Carlos Enrique Dallmeier, www.porunademocraciaglobal.com

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Cuando el mérito no importa

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Dijo en San Juan el presidente Fernández: “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años, porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres”.


Esto es tan falso, tan terriblemente insultante para la inteligencia, que es difícil decidir por dónde empezar a analizarlo.  Sólo diré que Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Windows), Jeff Bezos (Amazon) y Marcos Galperin (Mercado Libre), son algunas de las fortunas más grandes del mundo y de Argentina, y NINGUNO fue hijo de rico.  Este pelotudismo socrático y retrógrado ha sido totalmente superado en los países desarrollados… ¡Y PRECISAMENTE PORQUE LO SUPERARON SON DESARROLLADOS!

 

Luego invocó a Alberdi y Sarmiento, reinterpretándolos con un pensamiento tan retorcido que los vuelve irreconocibles.  Dijo admirarlos porque “vislumbraron la importancia de la educación pública, que nada es más importante que el conocimiento humano” y del sanjuanino aseguró que “en un gesto inigualable de igualdad, resolvió que todos los que estudian en la escuela pública calcen un guardapolvo blanco para que las diferencias sociales allí donde se aprende no aparezcan.  Con todo eso nos dijo que el estado debe estar muy presente en el desarrollo humano y que finalmente lo que más vale es la igualdad, es propender a un sistema más igualitario”.

 

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Pobres Alberdi y Sarmiento.  Si pensamos cuales referentes históricos argentinos estuvieron absolutamente en contra de la intromisión del estado (que debía ser pequeño) en el quehacer cotidiano de los ciudadanos, fueron sin dudas estas dos inmensas figuras de nuestra patria.  Hacer semejantes distorsiones de su pensamiento es una ofensa a sus memorias y, como se hacía en la escuela, debería lavarse la boca con jabón para limpiar sus palabras.

 

Alberdi decía que “la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual” y que “la grandeza del vecino, forma parte elemental e inviolable de la nuestra”, LO OPUESTO al igualitarismo y el desconocimiento del mérito.

 

¿Y qué pensaba Sarmiento?, al que dijo admirar.  El sanjuanino dijo: “las cumbres se alcanzan doblando el empeño” y “toda la historia de los progresos humanos es la simple imitación del genio”; Don Domingo era un ferviente defensor del mérito, concepto que el señor presidente denigra.

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Es increíble que en la actualidad, con lo fácil que es conocer la realidad de otros países, todavía existan personas “educadas” (en realidad son apenas instruidas, la educación implica pensamiento crítico algo que les es ajeno) que sean tan ciegas como para dejarse engañar así.

 

El presidente habla de defender el federalismo y a las provincias del “pulpo” del puerto, cuándo el mayor héroe de esta gente fue Rosas, quien prohibió los puertos del Paraná para que todo el comercio exterior pasara por Buenos Aires, empobreciendo a las otras provincias.  Obsesión rosista por el monopolio del puerto porteño que condujo a la muerte a valerosos patriotas en la Vuelta de Obligado, sacrificio disfrazado con la mentira de la “defensa de soberanía”.

 

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Valga la apostilla: ese fue el mismo Rosas que le quitó los sueldos a los docentes de las escuelas y universidades estatales, hundiendo en la ignorancia a los pobres y yendo en contra de la tan mentada “igualdad de oportunidades” con la que se llenan la boca.

 

¿Habla del federalismo y de trato igualitario para todas las provincias?, cuando el peronismo fue el mayor promotor del crecimiento del conurbano bonaerense y que le otorgó tantos subsidios a la luz, el gas y a los combustibles, que hacía que en Buenos Aires se pagara hasta 5 veces más barato los servicios públicos que en el resto del país.  ¿En serio?  ¿Se puede ser tan caradura?  Y lo peor, ¿se puede ser tan idiota como para creerles?

 

También dijo Fernández: “lo que uno más debería desear como argentino, es que cada argentino tenga la oportunidad de nacer…”, ¿oportunidad de nacer?, ¿de qué oportunidad de nacer habla quien defiende el aborto?, ¿se puede ser más cínico y contradictorio?  “…Y de morirse feliz después de haber vivido bien, en la provincia donde ha nacido”, ¿morirse feliz?, ¿Cómo Solange que murió sin ver a su padre?, ¿o Facundo Astudillo?, ¿o Franco Martínez?, ¿o Franco Isorni?, ¿o Luis Espinoza?, todos desaparecidos y muertos en democracia en este 2020.

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Entiendo (no comparto) que los que “están prendidos” defiendan “el modelo”… ¿pero el resto?, ¿el laburante que deja más de la mitad de su sueldo en impuestos para mantener punteros y para que le den por sus impuestos la porquería de salud, educación, seguridad y justicia que tenemos?, ¿el profesional que como universitario debería ser capaz de ver más allá de las mentiras de los demagogos?  Cómo decía Sarmiento y se aplica a los “educados” que egresan de la universidad: “era el que más sabia… Pero el que menos entendía”.

 

Lo cierto es que a decir del gran sanjuanino: “la ignorancia es atrevida”, pero aún es más atrevida la avaricia, la soberbia y el despotismo de quienes conducen hoy el destino de nuestra patria y que lejos están de seguir el siguiente principio rector del cuyano: “fui criado en un santo horror por la mentira, al punto que el propósito de ser siempre veraz ha entrado a formar el fondo de mi carácter y de ello dan testimonio todos los actos de mi vida”.

 

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Quienes creemos en la Libertad, en la igualdad ante la Ley y no por la Ley, y en el Respeto por la vida y la propiedad del prójimo, no solo tenemos el deber ético y moral, sino también la impostergable necesidad de oponernos y manifestarnos en contra de los atropellos que se están cometiendo contra los argentinos y contra la República.   

 

El momento es YA… antes de que terminen de hundirnos y de someternos, antes de que no quede nada por salvar.

(*)  Rogelio López Guillemain

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Reconvertir proyectos e innovar

POR MARIA EUGENIA MANCINI

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La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto profundo en nuestras sociedades. Además de la crisis sanitaria, ha afectado la educación, la vida social y los medios de subsistencia. A una economía difícil, esto lo ha profundizado aún más.


Para nuestros jóvenes muchos de estos impactos será a largo plazo y multidimensionales: Por ejemplo, 191 países han implementado el cierre de escuelas a nivel nacional o local, y 1,5 mil millones de personas no pueden asistir a la escuela ya que no disponen de tecnología básica para acceder a las plataformas educativas.

 

Sin embargo, hay muchos jóvenes liderando esta crisis y no se han quedado de brazos cruzados. Hay una Juventud que está apoyando el diseño y la ejecución de programas sociales pensando en caminos creativos y de respuesta.

 

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También debemos destacar la variedad de emprendimientos que han surgido adaptando propuestas comerciales a estos nuevos tiempos donde se pudo ver la creatividad y el desarrollo de productores locales.

Es fundamental continuar apoyando estos proyectos para que tengan continuidad formulando estrategias competitivas, incentivando y se conviertan en micro empresas sustentables económicamente.

 

Sumar programas de recuperación en base a economías locales y ver como su fuerza creativa comienza a enriquecer a instituciones, proyectos sustentables  y caminos nuevos para salir adelante.

 

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Pienso que un camino de desarrollo  es no solo fortalecer las economías regionales sino volver a los oficios, capacitarnos y tener herramientas prácticas para generar recursos propios.

 

Estamos atravesando un momento de reinvención muy grande y donde más que nunca necesitamos estar unidos, sacar nuestras fortalezas y trabajar juntos como sociedad pensando en lo que queremos construir, diseñando la sociedad futura, poniendo  foco en nuestros recursos y liderar.

 

Es fundamental generar herramientas para crear una sociedad más igualitaria y solidaria y no solo como respuesta a la pandemia sino también pensando a largo plazo y abordando todos  el compromiso de crear un cambio duradero.

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La “borocotización” de Alberto

(*) OPINIÓN

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Recuerda una crónica del diario perfil: “Eduardo Lorenzo Borocotó el 23 octubre de 2005 obtuvo una banca. Pero antes de asumir algo cambió. El 9 de noviembre visitó la Casa Rosada, acompañado por su hijo. ¿Con quién tenía cita? Con el actual presidente Alberto Fernández, quien era jefe de gabinete de Néstor Kirchner.  Borocotó se reunió con los dos. A Kirchner no lo conocía. A Fernández, sí.


El mismo día del encuentro en la Rosada, Borocotó anunció su partida del bloque macrista: armó un mono-bloque independiente, afín al kirchnerismo. Alberto Fernández explicó la jugada: "Tenemos que ser amplios. Hay muchos votantes y dirigentes de ARI que están descontentos con Carrió, por ejemplo. Y nosotros estamos abiertos a recibirlos, así como a los radicales, peronistas y a todos los que crean en el proyecto del Presidente".

 

En nuestras democracias actuales, se debería empezar a pensar en que los ciudadanos, en vez de elegir a personas que encarnen proyectos, ideologías, o letras muertas de lo establecido en partidos políticos, votemos directamente, proyectos, propuestas, modelos o formas de hacer las cosas y que la ejecución de las mismas, pase a ser un tema totalmente secundario, esto sí podría denominarse algo que genere una revalidación de lo democrático, pero no estamos en condiciones de hacerlo actualmente, primordialmente porqué el gobierno de ese pueblo, está en manos de uno sólo, a lo sumo, en cogobierno por un legislativo (con flagrantes problemas en relación a la representatividad, que sería todo un capítulo aparte el analizarlo) y supeditado a un judicial, que siempre falla, de fallar en todas sus acepciones, liberar la opción de ese pueblo, para que elija su gobierno, mediante las ideas que se le propongan, sin que sea esto eclipsado por la figura de un líder o lo que fuere, en tanto y en cuanto siga siendo uno, recién podrá ser posible, cuando su vínculo con la vida y la muerte, no tenga que ser anatematizado mediante la creencia o no creencia, que como vimos son las dos caras de una misma moneda, en un ser único y todo poderoso, creador de este mundo y de todos los otros, los posibles como los imposibles.

 

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La violencia del estado que en la actualidad se traduce en su sobre-presencia en ciertos sectores a costa de la ausencia del mismo en vastas áreas y bolsones, la sobreactuación de un supuesto sentir o hacer democrático, en donde sólo se ejerce una dudosa aclamatoria de mayorías (sistemas de preselección de candidatos cerrada, como internas que no se llevan a cabo, que transfieren el sentido de elegir por el de optar, entre quiénes ellos, de acuerdo  a sus reglas disponen que tengamos que optar, es decir elegir condicionados) debería estar tipificado en la normativa, como uno de los delitos más flagrantes contra las instituciones y el pleno ejercicio de la libertad, de tal manera, la ciudadanía no tendría excusas como para no levantarse en puebladas, en manifestaciones que dan cuenta de la total y absoluta anomia, en que la incapacidad de cierto sector de la clase política nos puede volver a conducir en cualquier otro momento u oportunidad. Propuestas es lo que sobra, se precisa de predisposición de estos para hacerles sentir a la ciudadanía que algo determinan, con el pago de sus impuestos y con sus votos. En tiempos electorales, una práctica que debería ser desterrada y que es una muestra expresa del democraticidio, es la compra de votos, sea mediante una dádiva, prebenda, por intermedio de corte de chapas, dinero, mercadería, merca o lo que fuere, como de las mentiras flagrantes e inconsistentes las que ofrecen por doquier. Como también lo es la no sanción de los hechos de corrupción, o la dilación en demasía para resolver los mismos, perpetrados por hombres que hayan pertenecido al funcionariado público.

 

Si somos presa de políticos corruptos seguiremos encarcelados en el imperativo de una sociedad penalizada y penalizante para sancionar delitos y no para reconvertir conductas que no nos lleven a ellas.

 

Hasta aquí sí se quiere, nada nuevo bajo el sol, o desconocido para todos aquellos a quiénes, Alfonsín nos prometió que con “la democracia se educa, se come, se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear…” la nueva modalidad, de estas suertes de “democraticidios” que nos afectan, es que el poder unipersonal del ejecutivo nacional, pasó a un sistema, tal como lo definió un constitucionalista “vicepresidencialista” y por tanto, Alberto, el creador del “borocotismo”, tal como Víctor Frankenstein, pasó a ser víctima de su propia creación, de su mutación práctica de lo representativo.

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En la aceleración, profundización o intensificación del cristinismo, camporismo o kirchnerismo recargado, en el que recayó Alberto, no quedaría otro espacio en la historia para él, que un título de un libro escrito por Miguel Bonasso, acerca de Héctor Cámpora; “El presidente que no fue”.

 

La mayoría que se construyó a tales efectos, con una propagación mayor que la de un virus desconocido y contagioso, se reconstituye con proverbial dinámica y en las próximas elecciones demostrará cuán cerca o lejos puede estar de un poder político, en la actualidad, “borocotizado”.

 

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(*) Por Francisco Tomás González Cabañas.

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