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Y dale con el canje

ROBERTO CACHANOSKY (*)

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La atención del periodismo y, por consiguiente, de la opinión pública se concentra por estos días –casi con exclusividad– en el proceso de canje de la deuda en default. Mientras esta novela nos mantiene entretenidos, seguimos olvidándonos de ocuparnos de los temas que verdaderamente importan y pueden llegar a cambiar nuestro futuro como Nación.


Muchas veces me pregunto: ¿de qué van a hablar los medios cuando se termine el tema del default? Casi todos los días suena mi teléfono con el llamado de algún productor de alguna radio para ver si puedo opinar sobre la marcha de la renegociación de la deuda, y las pocas veces que accedo a tratar el tema digo siempre lo mismo: el problema de la Argentina no se soluciona solamente arreglando el problema del default. El problema de la Argentina se soluciona teniendo políticas públicas sensatas de largo plazo que generen una fuerte corriente inversora en el sector real de la economía, de manera tal de poder crecer en forma sostenida. Mi visión es que si mañana los acreedores de la Argentina decidieran condonarnos toda la deuda, en este contexto de insensatez política es muy difícil que los argentinos retornen sus capitales o que los extranjeros inviertan en un país que tienen reglas de juego arbitrarias y, por lo tanto, imprevisibles. Nadie invierte en un país en el cual el Estado está buscando con la lupa a los sectores que les va más o menos bien para confiscarle su utilidad con el objeto de atender los llamados planes sociales o tener más caja para ganar las elecciones. Ahora tenemos el nuevo chiste de sancionar una ley por la cual el Poder Ejecutivo no pueda, en el futuro, abrir una nueva renegociación de la deuda. El objetivo es en convencer a los bonistas que todavía no se decidieron a entrar en el canje a hacerlo ahora porque si no en el futuro la van a pasar peor. El apuro que mostró el Gobierno por sancionar esta ley refleja lo mal que debe venir la aceptación del canje, porque, si éste viniera bien, no se entiende para qué sancionar esta ley y mucho menos la rapidez con que está siendo tratada en el Congreso. Pero lo gracioso es que un país que está sumergido en la más absoluta inseguridad jurídica pretenda convencer a los tenedores de bonos recurriendo a un argumento jurídico. El Gobierno les dice a los bonistas: “miren que vamos a sacar una ley y si no entran ahora esa ley nos impedirá hacer una mejor oferta en el futuro. Así que agarren lo que les damos o no cobren nada”. Cualquier persona medianamente informada sabe que el Congreso argentino votó la ley de intangibilidad de los depósitos. Luego, ese mismo Congreso suspendió esa ley y, finalmente, la Corte aceptó la pesificación. Pero amenazar con una ley para que la gente entre al canje causa todavía más gracia teniendo como antecedente la anulación de leyes. Todos recordamos que el Congreso no tuvo mejor idea que “anular” leyes para poder juzgar a los militares que enfrentaron a los terroristas en los 70. No hace falta ser constitucionalistas ni experto en Filosofía del Derecho para saber que las leyes no pueden anularse. Pueden derogarse pero no anularse, porque si las leyes se anulan es como si nunca hubieran existido y, por lo tanto, quien hoy cumple con la ley, mañana puede ser un infractor porque esa ley hoy vigente fue anulada, es decir, es como si nunca hubiera existido. ¡La inseguridad jurídica llevada a su máxima expresión! Al cometer semejante mamarracho jurídico, la misma dirigencia política ha cavado su propia fosa. ¿Por qué? Porque el bonista puede pensar que mañana otro Congreso o el mismo (total en la Argentina los políticos no tienen ningún problema en girar 180 grados en sus posiciones) puede llegar anular esta ley que le impediría al Ejecutivo renegociar la deuda. Es más, a nadie le sorprendería si la Corte terminara fallando a favor de la inconstitucionalidad de la ley o que el Congreso sancionara otra con efectos retroactivos anulando la que ahora van a votar. Con los antecedentes que tenemos, cualquier disparate jurídico puede ocurrir en la Argentina. Mientras Kirchner lo recibe a Chávez y deja una señal sobre el rumbo de la Argentina, los medios siguen analizando el tema del canje de la deuda como si se tratara de un partido de fútbol, relatando cada paso como si se tratara de una nueva jugada. Voy a ir bien derechito al punto. Francamente el tema del canje de la deuda me tiene saturado, porque mientras la gente se entretiene con este asunto, el país sigue sumergido en la incertidumbre. Es como si los medios prefirieran ocuparse del canje para no tratar los temas que verdaderamente comprometen nuestro futuro. Tener un gobierno limitado y sujeto a ley, practicar una verdadera democracia, crear un ambiente de negocios y terminar con el clientelismo político parecieran ser cuestiones secundarias que se van a resolver solas el día que se dé por terminado el canje. Por otro lado, me resulta difícil imaginar que el mundo termine aceptando la postura del gobierno argentino, en la que, después de declarar el default, le dijo a los acreedores: “les voy a pagar lo que quiera, cuando quiera y como quiera”. ¿Alguien puede pensar que van a dejar que se siente como precedente que un país puede no pagar su deuda y después pagar lo que quiere y como quiere sin tener que afrontar ningún costo? Porque si el negocio está en defaultear la deuda y después hacer lo que a uno se le ocurre, el resto de los países endeudados pueden llegar a seguir el ejemplo argentino. Estaríamos haciendo un gran descubrimiento económico según el cual no cumplir con los contratos es la mejor forma de crecer. Que los acreedores no tengan muchas alternativas para recuperar su capital y acaben aceptando lo que les ofrece el Gobierno no quiere decir que la Argentina vaya a tener éxito en el canje. En todo caso, seremos vistos como el vivo del barrio que le debe plata a medio mundo y, encima, da cátedras de moralidad. Esto quiere decir que seguiremos siendo los chantas del barrio. Finalmente, a los medios: por favor, paren con el tema del canje y empiecen a ocuparse de los temas importantes. (*) Opinión recibida por Corrientes al Día de www.economiaparatodos.com.ar

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Opinión

Cuando el mérito no importa

OPINIÓN (*)

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Dijo en San Juan el presidente Fernández: “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años, porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres”.


Esto es tan falso, tan terriblemente insultante para la inteligencia, que es difícil decidir por dónde empezar a analizarlo.  Sólo diré que Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Windows), Jeff Bezos (Amazon) y Marcos Galperin (Mercado Libre), son algunas de las fortunas más grandes del mundo y de Argentina, y NINGUNO fue hijo de rico.  Este pelotudismo socrático y retrógrado ha sido totalmente superado en los países desarrollados… ¡Y PRECISAMENTE PORQUE LO SUPERARON SON DESARROLLADOS!

 

Luego invocó a Alberdi y Sarmiento, reinterpretándolos con un pensamiento tan retorcido que los vuelve irreconocibles.  Dijo admirarlos porque “vislumbraron la importancia de la educación pública, que nada es más importante que el conocimiento humano” y del sanjuanino aseguró que “en un gesto inigualable de igualdad, resolvió que todos los que estudian en la escuela pública calcen un guardapolvo blanco para que las diferencias sociales allí donde se aprende no aparezcan.  Con todo eso nos dijo que el estado debe estar muy presente en el desarrollo humano y que finalmente lo que más vale es la igualdad, es propender a un sistema más igualitario”.

 

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Pobres Alberdi y Sarmiento.  Si pensamos cuales referentes históricos argentinos estuvieron absolutamente en contra de la intromisión del estado (que debía ser pequeño) en el quehacer cotidiano de los ciudadanos, fueron sin dudas estas dos inmensas figuras de nuestra patria.  Hacer semejantes distorsiones de su pensamiento es una ofensa a sus memorias y, como se hacía en la escuela, debería lavarse la boca con jabón para limpiar sus palabras.

 

Alberdi decía que “la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual” y que “la grandeza del vecino, forma parte elemental e inviolable de la nuestra”, LO OPUESTO al igualitarismo y el desconocimiento del mérito.

 

¿Y qué pensaba Sarmiento?, al que dijo admirar.  El sanjuanino dijo: “las cumbres se alcanzan doblando el empeño” y “toda la historia de los progresos humanos es la simple imitación del genio”; Don Domingo era un ferviente defensor del mérito, concepto que el señor presidente denigra.

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Es increíble que en la actualidad, con lo fácil que es conocer la realidad de otros países, todavía existan personas “educadas” (en realidad son apenas instruidas, la educación implica pensamiento crítico algo que les es ajeno) que sean tan ciegas como para dejarse engañar así.

 

El presidente habla de defender el federalismo y a las provincias del “pulpo” del puerto, cuándo el mayor héroe de esta gente fue Rosas, quien prohibió los puertos del Paraná para que todo el comercio exterior pasara por Buenos Aires, empobreciendo a las otras provincias.  Obsesión rosista por el monopolio del puerto porteño que condujo a la muerte a valerosos patriotas en la Vuelta de Obligado, sacrificio disfrazado con la mentira de la “defensa de soberanía”.

 

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Valga la apostilla: ese fue el mismo Rosas que le quitó los sueldos a los docentes de las escuelas y universidades estatales, hundiendo en la ignorancia a los pobres y yendo en contra de la tan mentada “igualdad de oportunidades” con la que se llenan la boca.

 

¿Habla del federalismo y de trato igualitario para todas las provincias?, cuando el peronismo fue el mayor promotor del crecimiento del conurbano bonaerense y que le otorgó tantos subsidios a la luz, el gas y a los combustibles, que hacía que en Buenos Aires se pagara hasta 5 veces más barato los servicios públicos que en el resto del país.  ¿En serio?  ¿Se puede ser tan caradura?  Y lo peor, ¿se puede ser tan idiota como para creerles?

 

También dijo Fernández: “lo que uno más debería desear como argentino, es que cada argentino tenga la oportunidad de nacer…”, ¿oportunidad de nacer?, ¿de qué oportunidad de nacer habla quien defiende el aborto?, ¿se puede ser más cínico y contradictorio?  “…Y de morirse feliz después de haber vivido bien, en la provincia donde ha nacido”, ¿morirse feliz?, ¿Cómo Solange que murió sin ver a su padre?, ¿o Facundo Astudillo?, ¿o Franco Martínez?, ¿o Franco Isorni?, ¿o Luis Espinoza?, todos desaparecidos y muertos en democracia en este 2020.

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Entiendo (no comparto) que los que “están prendidos” defiendan “el modelo”… ¿pero el resto?, ¿el laburante que deja más de la mitad de su sueldo en impuestos para mantener punteros y para que le den por sus impuestos la porquería de salud, educación, seguridad y justicia que tenemos?, ¿el profesional que como universitario debería ser capaz de ver más allá de las mentiras de los demagogos?  Cómo decía Sarmiento y se aplica a los “educados” que egresan de la universidad: “era el que más sabia… Pero el que menos entendía”.

 

Lo cierto es que a decir del gran sanjuanino: “la ignorancia es atrevida”, pero aún es más atrevida la avaricia, la soberbia y el despotismo de quienes conducen hoy el destino de nuestra patria y que lejos están de seguir el siguiente principio rector del cuyano: “fui criado en un santo horror por la mentira, al punto que el propósito de ser siempre veraz ha entrado a formar el fondo de mi carácter y de ello dan testimonio todos los actos de mi vida”.

 

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Quienes creemos en la Libertad, en la igualdad ante la Ley y no por la Ley, y en el Respeto por la vida y la propiedad del prójimo, no solo tenemos el deber ético y moral, sino también la impostergable necesidad de oponernos y manifestarnos en contra de los atropellos que se están cometiendo contra los argentinos y contra la República.   

 

El momento es YA… antes de que terminen de hundirnos y de someternos, antes de que no quede nada por salvar.

(*)  Rogelio López Guillemain

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Opinión

Reconvertir proyectos e innovar

POR MARIA EUGENIA MANCINI

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La pandemia de COVID-19 ha tenido un impacto profundo en nuestras sociedades. Además de la crisis sanitaria, ha afectado la educación, la vida social y los medios de subsistencia. A una economía difícil, esto lo ha profundizado aún más.


Para nuestros jóvenes muchos de estos impactos será a largo plazo y multidimensionales: Por ejemplo, 191 países han implementado el cierre de escuelas a nivel nacional o local, y 1,5 mil millones de personas no pueden asistir a la escuela ya que no disponen de tecnología básica para acceder a las plataformas educativas.

 

Sin embargo, hay muchos jóvenes liderando esta crisis y no se han quedado de brazos cruzados. Hay una Juventud que está apoyando el diseño y la ejecución de programas sociales pensando en caminos creativos y de respuesta.

 

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También debemos destacar la variedad de emprendimientos que han surgido adaptando propuestas comerciales a estos nuevos tiempos donde se pudo ver la creatividad y el desarrollo de productores locales.

Es fundamental continuar apoyando estos proyectos para que tengan continuidad formulando estrategias competitivas, incentivando y se conviertan en micro empresas sustentables económicamente.

 

Sumar programas de recuperación en base a economías locales y ver como su fuerza creativa comienza a enriquecer a instituciones, proyectos sustentables  y caminos nuevos para salir adelante.

 

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Pienso que un camino de desarrollo  es no solo fortalecer las economías regionales sino volver a los oficios, capacitarnos y tener herramientas prácticas para generar recursos propios.

 

Estamos atravesando un momento de reinvención muy grande y donde más que nunca necesitamos estar unidos, sacar nuestras fortalezas y trabajar juntos como sociedad pensando en lo que queremos construir, diseñando la sociedad futura, poniendo  foco en nuestros recursos y liderar.

 

Es fundamental generar herramientas para crear una sociedad más igualitaria y solidaria y no solo como respuesta a la pandemia sino también pensando a largo plazo y abordando todos  el compromiso de crear un cambio duradero.

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Opinión

La “borocotización” de Alberto

(*) OPINIÓN

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Recuerda una crónica del diario perfil: “Eduardo Lorenzo Borocotó el 23 octubre de 2005 obtuvo una banca. Pero antes de asumir algo cambió. El 9 de noviembre visitó la Casa Rosada, acompañado por su hijo. ¿Con quién tenía cita? Con el actual presidente Alberto Fernández, quien era jefe de gabinete de Néstor Kirchner.  Borocotó se reunió con los dos. A Kirchner no lo conocía. A Fernández, sí.


El mismo día del encuentro en la Rosada, Borocotó anunció su partida del bloque macrista: armó un mono-bloque independiente, afín al kirchnerismo. Alberto Fernández explicó la jugada: "Tenemos que ser amplios. Hay muchos votantes y dirigentes de ARI que están descontentos con Carrió, por ejemplo. Y nosotros estamos abiertos a recibirlos, así como a los radicales, peronistas y a todos los que crean en el proyecto del Presidente".

 

En nuestras democracias actuales, se debería empezar a pensar en que los ciudadanos, en vez de elegir a personas que encarnen proyectos, ideologías, o letras muertas de lo establecido en partidos políticos, votemos directamente, proyectos, propuestas, modelos o formas de hacer las cosas y que la ejecución de las mismas, pase a ser un tema totalmente secundario, esto sí podría denominarse algo que genere una revalidación de lo democrático, pero no estamos en condiciones de hacerlo actualmente, primordialmente porqué el gobierno de ese pueblo, está en manos de uno sólo, a lo sumo, en cogobierno por un legislativo (con flagrantes problemas en relación a la representatividad, que sería todo un capítulo aparte el analizarlo) y supeditado a un judicial, que siempre falla, de fallar en todas sus acepciones, liberar la opción de ese pueblo, para que elija su gobierno, mediante las ideas que se le propongan, sin que sea esto eclipsado por la figura de un líder o lo que fuere, en tanto y en cuanto siga siendo uno, recién podrá ser posible, cuando su vínculo con la vida y la muerte, no tenga que ser anatematizado mediante la creencia o no creencia, que como vimos son las dos caras de una misma moneda, en un ser único y todo poderoso, creador de este mundo y de todos los otros, los posibles como los imposibles.

 

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La violencia del estado que en la actualidad se traduce en su sobre-presencia en ciertos sectores a costa de la ausencia del mismo en vastas áreas y bolsones, la sobreactuación de un supuesto sentir o hacer democrático, en donde sólo se ejerce una dudosa aclamatoria de mayorías (sistemas de preselección de candidatos cerrada, como internas que no se llevan a cabo, que transfieren el sentido de elegir por el de optar, entre quiénes ellos, de acuerdo  a sus reglas disponen que tengamos que optar, es decir elegir condicionados) debería estar tipificado en la normativa, como uno de los delitos más flagrantes contra las instituciones y el pleno ejercicio de la libertad, de tal manera, la ciudadanía no tendría excusas como para no levantarse en puebladas, en manifestaciones que dan cuenta de la total y absoluta anomia, en que la incapacidad de cierto sector de la clase política nos puede volver a conducir en cualquier otro momento u oportunidad. Propuestas es lo que sobra, se precisa de predisposición de estos para hacerles sentir a la ciudadanía que algo determinan, con el pago de sus impuestos y con sus votos. En tiempos electorales, una práctica que debería ser desterrada y que es una muestra expresa del democraticidio, es la compra de votos, sea mediante una dádiva, prebenda, por intermedio de corte de chapas, dinero, mercadería, merca o lo que fuere, como de las mentiras flagrantes e inconsistentes las que ofrecen por doquier. Como también lo es la no sanción de los hechos de corrupción, o la dilación en demasía para resolver los mismos, perpetrados por hombres que hayan pertenecido al funcionariado público.

 

Si somos presa de políticos corruptos seguiremos encarcelados en el imperativo de una sociedad penalizada y penalizante para sancionar delitos y no para reconvertir conductas que no nos lleven a ellas.

 

Hasta aquí sí se quiere, nada nuevo bajo el sol, o desconocido para todos aquellos a quiénes, Alfonsín nos prometió que con “la democracia se educa, se come, se cura, no necesitamos nada más, que nos dejen de mandonear…” la nueva modalidad, de estas suertes de “democraticidios” que nos afectan, es que el poder unipersonal del ejecutivo nacional, pasó a un sistema, tal como lo definió un constitucionalista “vicepresidencialista” y por tanto, Alberto, el creador del “borocotismo”, tal como Víctor Frankenstein, pasó a ser víctima de su propia creación, de su mutación práctica de lo representativo.

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En la aceleración, profundización o intensificación del cristinismo, camporismo o kirchnerismo recargado, en el que recayó Alberto, no quedaría otro espacio en la historia para él, que un título de un libro escrito por Miguel Bonasso, acerca de Héctor Cámpora; “El presidente que no fue”.

 

La mayoría que se construyó a tales efectos, con una propagación mayor que la de un virus desconocido y contagioso, se reconstituye con proverbial dinámica y en las próximas elecciones demostrará cuán cerca o lejos puede estar de un poder político, en la actualidad, “borocotizado”.

 

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(*) Por Francisco Tomás González Cabañas.

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