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Signos Literarios

Fronteras éticas y estéticas

GERARDO PISARELLO (*)

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Los criterios que se utilizan para enjuiciar una obra literaria seguramente nunca serán del todo objetivos. Hay , desde luego, un conjunto de estándares de los que no conviene apartarse por una especie de economía crítica ; y, en este sentido, la teoría literaria , la ciencia de la gramática y la filosofía del arte pareciera que han fijado algunas pautas útiles que, si bien no tienen el valor canónico de la retórica clásica, exhiben cuanto menos un alto grado de aceptación, que permite respaldar una opinión de relativa objetividad, a pesar de todas las trivialidades asociadas al lugar común que sostiene que, en materia de arte y literatura, el gusto de cada individuo es el tribunal mas competente para tratar el tema.


Este dilema constante que opone la exigencia de objetividad a las modalidades de apreciación personal, en el caso de Gerardo Pisarello adquiere una peculiar envergadura por el carácter sobresaliente de su obra narrativa y por el alto valor moral de su personalidad. Ambos aspectos suelen estar, de ordinario, disociados y fuera de los grupos que sostienen la idea de una literatura comprometida – cuyas filas parecen disminuir más por indigencia artística que por descrédito ideológico -, la distinción entre ambos órdenes suele servir de punto de partida para el juicio ecuánime. Nada resultaría, sin embargo, más inapropiado en cualquier aproximación que pretenda decir algo relevante acerca de Gerardo Pisarello. La cuestión es delicada y vale la pena examinar los reparos que puedan levantarse y los flancos débiles a que da lugar la conexión entre moralidad personal y mérito artístico. La obra de Pisarello es intensa en sus temas y aguda en la solución de sus fábulas pero jamás cae en el panfleto de tesis o en la simplificación. De las oposiciones ideológicas. Nada cabe mejor a su estilo que la austeridad y la economía expresiva. Además sus personajes reflejan el espacio menudo de la vida de una forma poco común que recuerda a Los campesinos de Chejov y a las Novelas Ejemplares de Cervantes. En la arquitectura de sus tramas y en el contrapunto de sentido y alusiones – que es del todo independiente de la forma del discurso (ya fuere este realista o barroco) – , se coloca Pisarello, un realista ascético, en un terreno muy próximo al barroco Lope de Vega de Fuenteovejuna, de las Novelas a Marcia Leonarda ( La desdicha por honra , La prudente venganza y Guzmán el Bravo ) y de algunos de los más curiosos episodios de El Peregrino en su Patria. Y, en la intencionalidad de sus temas se percibe esa proyección directa de lo cotidiano con un sesgo clásico que nos hace pensar en el Plauto de La comedia de la olla, de El soldado fanfarrón y de La comedia asnal. En una época signada por los excesos y la coquetería erudita la narrativa de Pisarello deslumbra por esa integridad de resolución que no concede más de lo que cada fábula parece ofrecer para una contemplación inteligente y hasta quizá un poco menos en orden a la exigencia de percepción, tal como es por otra parte la vida misma. El límite de sus historias, en el espacio literario de su narrativa. Resulta consecuencia de la demarcación exigida dentro del propio relato, tal como se descubre por ejemplo en los cuentos de La Espera (1961) y La poca gente ( 1972 ) o en su novela Las Lagunas (1965). Y de otra parte, el límite material- que se localiza geográficamente en ese mundo semirural y semiurbano de Corrientes -, gracias a sus relatos alcanza un notable horizonte de universalidad que después, a no dudarlo, servirá para referir y comprender otros innumerables escenarios isomorfos como ha ocurrido con Plauto, Cervantes, Lope de Vega o Chejov. Su maestría para el relato – que no concede nada a la ideología ni a la vanidad del detalle o a las sutilezas de ilustración – es asombrosa en historias como El hombre que vio el Mesías o En busca del silencio perdido, cuentos sin parangón en toda la literatura argentina tanto por su economía narrativa como por la transformación de una anécdota mínima en una totalidad absoluta, universal y transitiva cuyo equivalente sería algo parecido a un mito que contiene internamente un deslumbrante y final efecto de realidad que opera como una especie de factor desmitificador. Así es, por ejemplo, el final de El hombre que vio al Mesías, donde Luis Ramírez, el desolado personaje del relato – después de un episodio extraordinario y fantasmal en cuyo transcurso se exhibe como una figura divina que anuncia la buenaventura -, recupera su enfermiza circunstancia de marginamiento y pobreza inicial donde su extravagante desempeño constituye para los demás la parte asumida de una realidad no menos desvariada aunque admitida por todos como la expresión de la normalidad. Si buscáramos un parangón de este relámpago fantástico en medio de una historia realista tendríamos que remontarnos hasta aquella historia de aparecidos que envuelve de repente a Pánfilo en el libro quinto de El Peregrino en su Patria de Lope de Vega que , como decía George Borrow hace más de un siglo, quizá sea el más extraordinario cuento de fantasmas de toda la literatura universal y con seguridad el mas formidable ejemplo de contraste narrativo dentro de una trama compleja que juega con varios niveles de realidad y fantasía mutuamente referidos, que en la literatura contemporánea pareciera tener pocos símiles fuera de alguna de las austeras historias de Gerardo Pisarello como la de El hombre que vio al Mesías. La complejidad de la obra de Pisarello no permite, desde ya, una fácil clasificación y el ejemplo examinado no debe conducir a conclusiones apresuradas como la que pudiera llevar a incluirlo en el llamado realismo mágico latinoamericano. A su modo nuestro autor está bastante lejos de cualquier exceso como de todo desborde de anécdotas o curiosidades locales. Su escenario apenas si parte del estrecho ámbito de Corrientes y sus asuntos, si se nos permite esta licencia expresiva, hunden su mirada en la propia trama sin concesiones ni al folklore geográfico ni a ese otro folklore psicológico del naturalismo tan explotado por la narrativa rusa del siglo XIX y menos aun a esa también folklórica modalidad de erudición de conventículos intelectuales que tiende a cubrir con hallazgos ajenos la insuficiencia creativa en la reproducción artística de la vida. Literatura ascética en todo sentido, la narrativa de Pisarello es fiel a la materialidad de sus registros y estos expresan la coherencia de su propia vida de escritor consecuente, de educador comprometido y de buen amigo, que extendió en un magisterio de integridad pudorosa siempre disponible y generoso como también esquivo a los desplantes y a cualquier didáctica de las ideologías. Si no hemos errado en el deslinde bien podríamos inferir, con relativa objetividad como afirmábamos al principio, que lo que se sigue de todo ello autoriza a sostener que la frontera de su vida es la de su literatura y que en el contrapunto de ambas al igual que en su identidad de propósito orientado a un ascetismo realista , delicado y no complaciente, está la clave para la comprensión de su obra ejemplar, casi con seguridad una de las mejores de toda la literatura de este siglo y, por cierto, el más ajustado testimonio argentino de la función vicaria del arte respecto de la vida. Modelo excesivo de integridad para una época desacostumbrada a la coherencia el caso de Pisarello, a pesar de haberse edificado en un momento de nuestra historia donde todavía era importante ser y parecer, resulta bastante apto para servir de espejo de conciencia a los atribulados y a los que imaginan que aún tiene algo que decir. En el tamiz de su práctica muchos pueden aprender a escurrir sus ansiedades antes de volcar a la letra lo que corresponde asumir en la vida o, por el contrario, disciplinar su experiencia para que el discurso que la expresa no se exceda en las verbalizaciones o en la trivialidad del compromiso que solo registra las buenas intenciones. (*)Este ensayo de Joaquín Meabe es editado aquí de manera original

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Primer concurso internacional de Poesía Japonesa “Tierra de Haikus”

LITERATURA

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En honor a los 120 años del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado entre Argentina y Japón el 3 de Febrero de 1898, se lanzará el jueves próximo desde el Jardín Japonés (Buenos Aires) el primer concurso internacional de Poesía Japonesa “Tierra de Haikus”. La iniciativa es impulsada por la Fundación E Jendú Arte y Cultura, Imagen Diplomática, la Fundación “Andresito de las Misiones” y el Observatorio Social por la Paz y cuenta con el auspicio de la Embajada Japonesa en Argentina.


Las organizaciones que impulsan el certamen desarrollan sus actividades con miras a la reafirmación y expansión en todo el mundo de la Cultura de paz, con especial atención a la filosofía y los objetivos de Naciones Unidas, representados en sus distintos estamentos y agencias, como así también en sus diversos Programas, Fondos y Organismos, que tienen por principal causa el derecho de todos los pueblos del universo a la paz duradera y definitiva.

 

Este Primer Concurso Internacional tiene como objetivo principal la exaltación de la poesía en general y de la poesía japonesa en particular; al mismo tiempo que busca reafirmar el espíritu de confraternidad y amistad entre el Japón y la Argentina, en Honor y Homenaje a los 120 años del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado entre ambos países el 3 de Febrero de 1898

 

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Vale señalar que el milenario Haiku, es una composición poética japonesa que consta consecutivamente de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas (diecisiete en total).

 

 

 

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Otra publicación en revista internacional para teórico correntino

FRANCISCO TOMÁS GONZÁLEZ CABAÑAS

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La propuesta de reforma democrática, “El voto anticipado” del autor Francisco Tomás González Cabañas fue publicada por la prestigiosa  Revista española de la transparencia, ISSN-e 2444-2607, Nº. 6,  del año 2018, en las págs. 102-104. Para el creador del índice democrático, herramienta que mide las prácticas democráticas en los distintos poderes de los distritos auditados, se trata de la publicación número quince por parte de revistas internacionales que imponen estándares de exigencia y de calidad para publicar desarrollos teóricos, que como en otras elaboraciones de González Cabañas  (voto compensatorio, gabinete ciudadano, cámara de dipunadores) sostienen novedosos criterios o categorías para remozar la democracia como la experiencia que puede, o debe, seguir siendo mejorada para representar, palmariamente, el gobierno del pueblo o de los ciudadanos.


“Al establecer la posibilidad de un voto anticipado, se conseguirían modificaciones sustanciales, giros copernicanos en la política cotidiana, que al constituirse en concomitantes, complementarias o en paralelo, con el voto o sufragio clásico y tradicional, de ningún modo significara una ruptura conflictiva, una instancia revolucionaria traumática, sino simple y llanamente la consolidación de la democracia misma, resignificando, desde lo electoral su definición histórica como etimológica.

 

El voto anticipado, permitirá que el ciudadano, en los tiempos actuales en donde considera un valor positivo el compartir sus gustos, preferencias y elecciones, ante sus semejantes, por intermedio de plataformas virtuales o de redes, haga lo propio con su preferencia electoral o política. El voto o sufragio clásico, que en varias aldeas occidentales, sigue amparado por ley, para que se lo respete en su condición secreta, fungió con utilidad hace décadas atrás, cuando las realidades sociales y existenciales no habían sido gravitadas por la explosión del mundo digital y de la cada vez más influyente inteligencia artificial. Sería más que una falta de tino el señalar, como se vio modificada la vida diaria del occidental promedio, de dos décadas a esta parte, más bien, es incomprensible como aún no se haya generado, hasta esta oportunidad, la posibilidad para que el ciudadano moderno, pueda hacer visible, pueda exteriorizar sus elecciones políticas, y en el caso de que lo decida que lo comparte y difunda, tal como lo hace con todos los otros (al menos tiene tal posibilidad) aspectos de su vida que no solo son considerados públicos, sino también áreas o zonas privadas”.

 

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Estos párrafos que hacen mención al desarrollo teórico de Francisco Tomás González Cabañas, publicados por la revista internacional de marras, evidencian el grado de audacia teórica, de arriesgada creatividad, sostenidas en giros arguméntales y en razonamientos acendrados en la historia del pensamiento que lo preceden al correntino, construyendo para sus consideraciones y categorías un sendero en donde seguramente tantos más que vengan con él o detrás suyo, erigirán bajo estos pilares una nueva consideración de lo político como de lo democrático.

 

 

 

 

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Publican obra de intelectual Correntino en revista de Literatura Peruana

FILOSOFIA

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El texto “Crónicas de Bosque” de Francisco Tomás González Cabañas, fue publicado en la Revista editada en el Perú “Dúnamis”, en su número  8 del año 9, correspondiente a Septiembre del año en curso.


Con la presente el autor suma 8 publicaciones en revistas internacionales (la mayoría de ellas especializadas en filosofía) en menos de un año, como dos libros de filosofía política publicados, uno de ellos (El Voto Compensatorio) editado en Alemania, y la aceptación a más de una veintena de diferentes congresos internacionales de diversas ponencias oportunamente enviadas y aceptadas.

 

Crónicas de Bosque, es un relato ficcional, que vislumbra una crítica social que encierran al autor en sinuosos laberintos de persecución e indiferencia por parte de quienes pretenden una sociedad sesgada, en donde las decisiones son tomadas por facciones con poder circunstancial y por tanto el ejercicio ciudadano y la vida democrática, pasan también a ser literatura o filosofía ficcional.

 

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CRÓNICAS DE BOSQUE

Se estima que tiempo antes de la existencia de los guaraníes nuestras tierras fueron habitadas por una civilización que ha dejado muy pocos rastros de su existencia. Alcanzando el grado de mito, como la célebre Atlantis, daremos cuenta, de la información que contamos acerca de la cultura que podríamos dar en llamar como de los “Gentereí”.

 

En un tiempo no precisado de la historia, en lo que actualmente se conoce como el litoral argentino, una cultura de peculiares características, tuvo su apogeo y extinción, bajo sinuosidades sociales y políticas, que en la actualidad nos pueden parecer, casi familiares y cotidianas, por lo que no es demasiado arriesgado suponer, que pese a los siglos transcurridos y por más que las evidencias materiales no sean contundentes, tenemos una carga genética o arrastramos signos de quiénes serían nuestros antepasados directos; los Gentereí.

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http://dunamitarte.com/2015/11/29/cronicas-del-bosque/

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